«¿Con que V. ya estará prevenido de su blondo pelucón para encasquetársele como los demás golillas? Pues, no señor: no se corte V. el pelo: yo se lo mando. Haga que se le ricen en la espalda como a los ministros del Parlamento de París, y comience a desterrar tales zaleas, que en nada contribuyen al decoro y dignidad de la toga.» El Conde de Aranda a Gaspar Melchor de Jovellanos
jueves, 30 de mayo de 2013
De las dietas y el hombre nuevo
Ha
pasado bastante desapercibida en España la derrota del partido de Beppe Grillo en
la primera vuelta de las elecciones en 563 municipios italianos, incluyendo ciudades
tan vistosas como Roma, Siena o Brescia. El Movimiento
5 Estrellas se ha dejado buena parte de los nueve millones de votos de las
legislativas y sólo uno de sus candidatos a alcalde disputará la segunda
vuelta.
lunes, 20 de mayo de 2013
Waterloo
Las resmas de papel biblia que se necesitan para relatar los tres años del Real Madrid de Mourinho sólo las igualan las vidas ejemplares de ciertos reyes visionarios y fatalistas. Déjenme que les cuente el párrafo que cierra este Waterloo de fin de época: el fallo de Özil ante Courtois.
jueves, 16 de mayo de 2013
Transparente como el metacrilato
Hoy el metacrilato define mejor a la progresía que la pancarta. Antes el progre se embaulaba el programa, se iba a la manifestación y empezaba a gritar pareados. La pancarta lo precisaba e integraba. Ahora se coloca delante del plástico con el símbolo y el lema y, si no lleva un papelito, saca a relucir una oratoria balbuceante y roma. Lo afilado lo dejan de puertas para dentro; para cuando las sillas se tambalean y empiezan a caer del techo ninjas como en una película Batman.
martes, 14 de mayo de 2013
Yo crecí, respetadme, con el baloncesto
Yo crecí, respetadme, con el baloncesto. Mi primer recuerdo deportivo es en blanco y negro: 1978. El equipo de baloncesto del Real Madrid pasea a hombros por la Sala Olímpica Carlo Diem de Múnich a Clifford Luyk, que se retira alzando una nueva Copa de Europa, la Sexta. Los hombres altos y desgarbados del club igualaban en la máxima competición continental a los mitos del fútbol. El impacto de Luyk fue tan importante como el de Di Stefano. Sobre él no sólo pivotó la época dorada del Real Madrid, sino que su nacionalización insufló músculo y calidad a la talentosa pero enclenque Selección Nacional.
miércoles, 8 de mayo de 2013
Chacón, Navarro y Lucena
En la muerte de Giulio Andreotti y en la huida de Willy Toledo se descuajaringa una de las dos almas de PSC. Desde este blog se pidió a Carmen Chacón una mayor zambullida en la lucha sucesoria del PSOE para medir su compromiso. Y lo ha hecho. No sabemos si ha sido por propia iniciativa o el empujón en el trampolín se lo ha dado Madina. La carta abierta que le ha enviado a Pere Navarro, primer secretari, sobre su desacuerdo con la participación de los socialistas en la “cumbre sobre el derecho a decidir” de Mas, amenaza con romper el partido. Los riesgos de tener los ojos en ideal cuando ya no se tienen las manos en el cajón del presupuesto.
jueves, 2 de mayo de 2013
Remontada interrumpida
Real Madrid. La historia se repite desde hace tantos años. Se avisa remontada europea y no hay remontada europea. Palabras de una historia memorable: señorío, pegada y remontada. Palabras que no están en ningún artículo de los estatutos. Se han adherido a eso que ahora se llama adn a golpe de gol y trofeo. Pero las utilizan los enemigos como arietes para desestabilizar al club. El señorío, la nobleza con el adversario, en la victoria o en la derrota, es una excusa para que el equipo ponga siempre la otra mejilla, y otras partes menos nobles del cuerpo, mientras a futbolistas de humildad impostada, dirigentes patibularios y periodistas con ganas de mangoneo se les permite cualquier desmán con tal de roer una grandeza que no se resiente por un partido perdido o una mala trayectoria. La pegada, consumación y gloria del fútbol directo, se maneja, por los que saben, como síntoma de las carencias intelectual-futbolísticas del Real Madrid. Primitivismo mesetario poco europeo.
Y la remontada. Un desastroso encuentro de ida de una eliminatoria, donde se puso poco fútbol y se encajaron muchos goles. Arrebato: no valen ni el presidente, ni el entrenador ni los jugadores. Pero, ay, el equipo algunas veces remontó. Un club dominante de más de cien años de existencia ha tenido de todo: victorias increíbles y fracasos estrepitosos, partidos y competiciones que se veían difíciles de ganar y se ganaron, y partidos y competiciones que parecían imposibles de perder y se perdieron. Por eso hay que mantener las hachas en vilo, hacer menciones a la casta y rescatar la memoria de algún jugador homologable con la gesta. Son muchos dentro del entorno los que esperan el partido de vuelta con el resultado marcado. Si toca victoria: disimulo y regomeyo. La derrota saca lo que se guarda en el interior. Mientras el madridismo maldice el resultado con los lógicos desahogos, los lamentables buscan el desguace del club con la esperanza de que el río revuelto traiga satisfacciones a los señalados como salvadores. Algunos de éstos son amigos, otros son lo opuesto en temperamento y proyecto a lo establecido ¡Y qué ya me estaba cabreando tanto ninguneo!
José Mourinho es hoy el objetivo. Dicen: ha arrasado con el señorío (bendito sea Dios), no ha llevado el juego del Madrid a altas cumbres estéticas (dorar la pelota) y no ha remontado en ninguna eliminatoria europea importante (hace más de un cuarto de siglo de la última). No vale su haber. La dirección profesional de una plantilla complicada, donde el uso torticero del poder mediático y sentimental que algunos jugadores se han ganado en el campo, no se puede compensar con una sencilla gestión de altas y bajas. La nivelación con el mejor Barça de la historia; un equipo excelente y retórico, que parecía imbatible, formado por un puñado de jugadores que pueden ganar un balón de oro o un óscar. Y lo que menos se le perdona: colocar a los periodistas en su preciso espacio. La sala de prensa, el lugar en el que todo el mundo queda retratado: el entrenador y los periodistas (¿Cómo te sientes tras la derrota?). Lejos del comadreo al amor de las brasas del asador de moda. La dignidad personal por encima del triunfo deportivo. Por eso los defectos temperamentales y errores deportivos de Mourinho quedan al descubierto sin escudo alguno. Y se le compara con antiguos entrenadores del Madrid a los que previamente se le ha depurado el dossier: ¿quién recuerda lo que algunos contaban y escribían sobre Vicente del Bosque en las postrimerías de su estancia en el banquillo blanco? Hoy es el perfecto gestor de egos de la selección española de fútbol, pero ayer el incompetente entrenador abrumado por los galácticos.
La remontada de los mediocres no se conforma con expulsar a Mourinho. Hay que acabar también con Florentino Pérez y su sueño de un Madrid que crezca al amparo de su historia. La grandeza, mejor en el pasado; así no se ven las desventajas de su consolidación: los inevitables fallos en todo proyecto humano, la envidia de los demás clubs, que al poderío se le llame prepotencia, que haya que pedir perdón por cada gol, punto y victoria. Florentino y Mourinho obstáculos contra un Real Madrid vulgar, el del quiero y no puedo, los chorreos y los nanines. Aunque, por fin, llegaría Divac.
jueves, 25 de abril de 2013
Los franquistas buenos (Críticas sin credenciales, I)
Arcadi Espada
Formato: Versión Kindle
Precio: 13,29 €
Tamaño del archivo: 727 KB
Longitud de impresión: 312
Editor: Espasa (12 de marzo de 2013)
Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l.
Idioma: español
ASIN: B00BFS706S
La obra de Arcadi Espada es un compromiso con la escritura, es decir, con la verdad. Por eso su estilo es terso. De una imperceptible tensión de cuerda de arco en cualquier momento dispuesta a disparar. Así en este libro, bajo el tema principal, que es el papel del franquismo ante el Holocausto, hechos y reflexiones, emerge el oficio de escribir y este párrafo para desmochar ficciones:
«La otra cara del mérito son los problemas que tiene cualquier escritor cuando vuelve sobre un hecho que el cine ha narrado y comprueba con desesperación que escribir es corregir. Y que su único trabajo es decapar los mitos sucesivos que las exigencias emocionales del cine han ido acumulando. Porque es verdad que el cine rescata muchos hechos del olvido; pero generalmente para trasladarlos al otro pozo profundo de la ficción. La Lista de Schindler adolece del problema señalado por Álvaro Lozano: a diferencia de lo que sucedió en la vida, casi todos se salvan. Como si de veinte mil judíos de Cracovia solo hubiesen muerto doscientos. No. Todo el mundo murió.»
Corregir. Y caminar, que estamos ante un libro de viajes. Primero transitar la escritura de otros, luego desplazarse entre los escombros del nazismo y el comunismo para descubrir las huellas de unos españoles heroicos. Unos 5.000 judíos salvados de la Solución Final en Hungría gracias a la conveniencia política del estado franquista y a la caridad de un puñado de sus servidores. El humanitarismo de Sanz Briz y sus compañeros no se materializó a pesar de franquismo sino que se alimentó de éste. Fue el nacionalismo de los “patriotas melancólicos” (Foxá, Giménez Caballero), zahories del lamento sefardí por la España perdida, lo que utilizó Franco para jugar su carta projudía ante una más que probable victoria aliada en la guerra. Las otras cartas serían el anticomunismo y la promesa de que el régimen se desarrollaría hasta alcanzar un status homologable con los países occidentales vencedores.
Todo esto chocará a los que consideran al franquismo como la encarnación del mal sin mezcla de bien alguno. Dice su autor que es un libro para mayores de dieciocho años, para aquellos que no se quedaron en las historias del abuelo y reconocen la continuidad del estado. Y se felicitan.
Los españoles somos especialistas en mitificar épocas y así nos salen unos personajes de cartón piedra. Ni carne ni contradicciones. Sin embargo, Espada los muestra vivos a través de las fuentes, con el apoyo revisable de las declaraciones de los testigos y deudos. Ángel Sanz Briz, quintacolumnista en Madrid, cabeza de los salvadores de judíos en Budapest y siempre leal funcionario, que aparecía y desaparecía tras el telón según las órdenes de la superioridad. Jorge Perlasca, L’ impostore, que se apropió de los logros de Sanz Briz y que ahora es colocado en su justo y brillante lugar, pero sin ensombrecer a los demás protagonistas. Como a la canciller Elisabeth Tourné, la mujer que ya amparaba a judíos húngaros en plena guerra civil española. O como al abogado Zoltán Farkas, diligente y valeroso, que pago con la vida su compromiso con el prójimo.
Mención aparte merece el descubrimiento de Casimiro Florencio Granzow de la Cerda , conocido como Cassio. Hispanopolaco, grande de España y representante diplomático en Varsovia, vivió la caída del país centroeuropeo y también, mediante sobornos a oficiales alemanes, salvó vidas de judíos, aunque no se ha podido cuantificar su número.
Se me permitirá, frívolo, que a esta breve selección de los nombres que robustecen la obra añada a José Luis de Vilallonga y su peripecia en una Lisboa atestada de espías. Mientras Javier Martínez de Bedoya, el encargado de prensa de la embajada, negociaba con los representantes de diferentes agencias judías, el seductor aristócrata español, y recién casado, vivía los líos amatoriomonetarios de las muy hollywoodienses hermanas Gabor, bajo la elástica férula de mama Gabor. Tercería fina, con papa Gabor, exiliado, joyero y paseante, al fondo y a un lado. Un momento screwball que mereció filmarlo Gregory La Cava.
Y al final de la lectura queda sedimentada una pregunta: ¿cómo fue posible una reconciliación tan rápida en Europa tras la barbarie de la II Guerra Mundial y sus secuelas? El misterio de la reconciliación que nace del misterio del olvido. El autor se apoya en su querido Steven Pinker para señalar lo insólito del brutal periodo dentro de «un proceso de civilización profundo, duradero e imparable, cuyas raíces están en la Ilustración ».
Olvido y reconciliación. Y la escritura para buscar la verdad entre los plieges de la memoria y las palmadas de los abrazos. Y aunque las leyendas vivan, que no se diga que no hubo alguien saltando de los archivos a los salones y de estos a los escenarios para ajustar cada hecho a sus difusos límites. Y para poner a cada perlasca en su equitativo pedestal. O al menos intentarlo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
