Los madridistas de parquet hemos pasado una travesía del
desierto y hemos llegado a un oasis regentado por Pablo Laso donde se vive con
una relativa placidez los partidos cotidianos, pero donde escupiremos
el corazón por la boca cuando volvamos a jugar otra vez contra el Barcelona. La
pretendida crisis del equipo catalán no es tal, pues si hacemos caso a lo dicho
por Gramsi sobre el particular, lo viejo, el Barça, aún no ha muerto pero al
Madrid, lo nuevo, se le ve crecidito. En estos clásicos ortoseculares no predominan las defensas sino el lodazal,
parecen partidos del Cinco Naciones con el barro hasta donde más duele.
«¿Con que V. ya estará prevenido de su blondo pelucón para encasquetársele como los demás golillas? Pues, no señor: no se corte V. el pelo: yo se lo mando. Haga que se le ricen en la espalda como a los ministros del Parlamento de París, y comience a desterrar tales zaleas, que en nada contribuyen al decoro y dignidad de la toga.» El Conde de Aranda a Gaspar Melchor de Jovellanos
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lunes, 10 de febrero de 2014
lunes, 30 de diciembre de 2013
El Hombre del Año
25 de 25. 25 victorias consecutivas. La 25 en
diciembre. Fun, fun, fun. Ante el Barça. Fun, fun, fun. En el año 13 el jugador
n.º 13 se dejó una barba mosaica para conducir a los madridistas a una
felicidad humilde pero cierta. Sergio Rodríguez rasga el parquet como una
navaja de Ockham inversa: la jugada más sencilla puede no ser la
correcta. Pablo Laso, tan cerebral, se ha dado cuenta que hay que dejarle la
franja central de los partidos al Chacho.
No para romperlos sino para dormirlos en una hipnosis de juegos malabares y
público aullador. Cuando el equipo contrario despierta el dinosaurio ya está en
el autobús.
martes, 14 de mayo de 2013
Yo crecí, respetadme, con el baloncesto
Yo crecí, respetadme, con el baloncesto. Mi primer recuerdo deportivo es en blanco y negro: 1978. El equipo de baloncesto del Real Madrid pasea a hombros por la Sala Olímpica Carlo Diem de Múnich a Clifford Luyk, que se retira alzando una nueva Copa de Europa, la Sexta. Los hombres altos y desgarbados del club igualaban en la máxima competición continental a los mitos del fútbol. El impacto de Luyk fue tan importante como el de Di Stefano. Sobre él no sólo pivotó la época dorada del Real Madrid, sino que su nacionalización insufló músculo y calidad a la talentosa pero enclenque Selección Nacional.
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