Hoy el metacrilato define mejor a la progresía que la pancarta. Antes el progre se embaulaba el programa, se iba a la manifestación y empezaba a gritar pareados. La pancarta lo precisaba e integraba. Ahora se coloca delante del plástico con el símbolo y el lema y, si no lleva un papelito, saca a relucir una oratoria balbuceante y roma. Lo afilado lo dejan de puertas para dentro; para cuando las sillas se tambalean y empiezan a caer del techo ninjas como en una película Batman.
«¿Con que V. ya estará prevenido de su blondo pelucón para encasquetársele como los demás golillas? Pues, no señor: no se corte V. el pelo: yo se lo mando. Haga que se le ricen en la espalda como a los ministros del Parlamento de París, y comience a desterrar tales zaleas, que en nada contribuyen al decoro y dignidad de la toga.» El Conde de Aranda a Gaspar Melchor de Jovellanos
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jueves, 16 de mayo de 2013
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