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domingo, 26 de enero de 2014

Permítame, Alteza, que le hable de los vientos


Diálogo entre la pareja protagonista del Paciente Inglés (Anthony Minghella, 1996), enterrada dentro del coche durante una tormenta de arena en el desierto:

domingo, 28 de julio de 2013

La viga en el ojo propio / Natalia Pastor


El Caso Bárcenas amenazaba con ser para el PP mucho más que un caso de corrupción de explosión controlada. Y así está siendo. Hasta ahora, cuando un sinvergüenza comprometía la honestidad de la derecha, desde Génova 13, sabedores del espesor del envilecimiento ajeno, disparaban con la metralleta del Y tú más a diestro y siniestro. El debate se empantanaba, los medios aflojaban y hasta otra. Pero Luis Bárcenas ha convertido a su partido en una pira, donde Mariano Rajoy se está achicharronando y no sabemos si, cuando el fuego se extinga, el Presidente será sólo cenizas o se alzará con un dragón en el hombro, dispuesto a conducir su khalasar hacia lo importante.

domingo, 30 de junio de 2013

Dos políticas


Fue aparecer en las noticias las etiquetas “Cospedal” y “striptease” juntas y los más rijosos del barrio barruntaron que, tras la austeridad matizada, entrabamos en la austeridad de los siete velos. Falsa alarma. Se trató de una larga cambiada de María Dolores del Cospedal al caso Bárcenas en medio de los capotazos de galleo echados al Ministro Wert.

miércoles, 17 de abril de 2013

Manifestación republicana en Almería y en domingo

Asuntos familiares me llevaron a Almería el pasado fin de semana. Es agradable Almería en primavera; el pastoso calor veraniego aún no lo aplasta todo y la luz tiene su punto justo de mar.

Viajar no significa sólo desplazarse de un sitio a otro con más o menos placer; es sobre todo la relajación de las rutinas. En mi caso, la pérdida del sentido de la actualidad. Así es normal que no caiga en que es domingo, 14 de abril, aniversario de la II República, hasta que, subiendo por la calle Obispo Orberá, a lo lejos, una bandera republicana me centre. Habrá manifestación reivindicativa.

Llego a la Puerta de Purchena y a la estatua de Nicolás Salmerón comienzan a afluir los manifestantes. Pocos lugares de España se vanaglorian de tener un republicano tan presentable como Almería. Cuando un español achacoso del diecinueve salía político sus humores se solidificaban en lo ético: es fama que Salmerón renunció al cargo de presidente de la República, al mes y medio de su nombramiento, porque no quería firmar unas sentencias de muerte. Sea esto verdad o tal vez no se veía con facultades para enfrentarse a carlistas y cantonalistas, su figura de político decente encandila a todo aquel que se acerca a la política desde el lado del desengaño.
 
Decido quedarme a ver que pasa; me atrae saber cómo será una marcha republicana en una capital de provincias en pleno desbarajuste en la Familia Real. Leo en un cartel que la convocatoria es a la una  y, como quedan pocos minutos, curioseo Paseo abajo aprovechando la sombra de los árboles. Es mediodía y el sol empieza a picar. Los convocados afluyen sonrientes y vestidos con el flácido uniforme casero de los domingos. Una de las más nobles formas de fraternidad burguesa es solidarizarse con el clima. Mediado el Paseo, junto al Teatro Cervantes, una pequeña banda de música toca la Bella ciao, canción de la resistencia italiana cuyas alegres notas me convencen que la manifestación va a tener un tono festivo. La banda se pone en marcha hacia el punto de encuentro, recogiendo a los rezagados.
 
 
Ya están todos junto a la estatua de Salmerón. Pero como veo que no arrancan, me siento en la terraza de una cafetería cercana. En Almería, a estas horas y con este tiempo, es pecado no aprovechar los pequeños placeres del aire libre.  Aunque no sé si mi tapeo, una coca-cola con media tostada de aceite y tomate, sería muy canónico en una III República de trabajadores y trabajadoras con ciertos reparos a lo norteamericano. Desde mi privilegiada posición veo cómo se va completando el grupo. Entre las banderas, destacan las republicanas de diferentes tamaños; hay algunas del PC, de Izquierda Unida y de varios sindicatos. Me fijo en las que pone USTEA. Pregunto y me dicen que es un sindicato de enseñanza. ¿Se tratará de un grupo de educadores arrepentidos del tuteo en las aulas y que quieren reformar la educación desde un mayor cuidado de las formas entre profesor y alumno? Un posterior paso por su página web no me saca de dudas, pero la retórica parece que no va por ahí. Las indumentarias, ya he dicho, son cómodas y festivas; ni para tomar el Palacio de Invierno ni para asaltar las poltronas de una consejería. Me choca el poco perroflautismo y me maravilla la versión republicana de la camiseta de la selección nacional de fútbol. Corona mural en el escudo y dominio lógico del color morado. ¿Qué pensarán tantos periodistas que nos abruman con la Roja? Precisamente con la Roja.

De este ensimismamiento cromático me saca la charanga que toca el himno de Riego mientras le colocan a Salmerón una bandera a modo de capa. Aplausos y comienzo de la retahíla de eslóganes. Durante todo el recorrido predominará la consigna antigua, y por tanto poco esperanzadora, “España, mañana, será republicana”. Hay también referencias a Rajoy y su gobierno, a los desahucios y mucho lema antimonárquico. Los Borbones tienen una rima muy fácil.

La manifestación tarda en organizarse; mejor será comprobar su alcance a medio camino. Doy un rodeo por las calles adyacentes y decido visitar la cercana Iglesia de San Pedro. Allí se custodian dos joyas de la imaginería contemporánea: María Santísima de Fe y Caridad, de Álvarez Duarte, y el grupo de la Santa Cena, de Navarro Arteaga. Pero hay misa y no me gusta parecer un turista entre los fieles. Desde el cancel, durante la comunión, me pregunto si los republicanos no estarán cometiendo el mismo error que hace ochenta y dos años. ¿Es necesario que el anticatolicismo sea consustancial al republicanismo en España? ¿La cerrazón en los errores cometidos en el pasado no les hermana con el fanatismo religioso que dicen combatir? No aprovechan la mala imagen que entre los creyentes deben de tener algunos representares de la Corona con una lectura caprichosa de los mandamientos sexto y séptimo. Y esta gente, ante mí tan pacífica y ordenada, cuando se pone a defender lo suyo, se pone.
 
 
Regreso al Paseo y la marcha muestra toda su dimensión. Como no pertenezco al departamento de ojimetría de ningún periódico, no sé cuántos son los manifestantes, ni si la proporción es alta con respecto a los habitantes de la ciudad. Se lo dejo a los hermanos de la cofradía del Santo Ojo de Buen Cubero. La casualidad hace que me encuentre la manifestación cuando su cabecera va a pasar a lado de la sede del Partido Popular. De pronto, los portadores de la pancarta se vuelven y señalando con el dedo al balcón con el rótulo del partido, comienzan a corear “¡Ahí está, ahí está la cueva de Ali Babá!”. Pero se trata de un paso rápido; no se quiere agriar en exceso la protesta. Nunca se sabe si entre los pocos espectadores no saldrán algunos respondones y se líe. Todos hacen lo mismo: llegan a la altura de la sede, señalan con el dedo, gritan y se vuelve deprisa. Parece una jura de bandera.

El espectáculo comienza a ser repetitivo tanto en la calzada como en las aceras. Apenas hay comunicación entre ambas. La mayoría de los transeúntes se muestra indiferente. Si acaso una mirada y una sonrisa, no se sabe si de conformidad o de conmiseración. Y el proselitismo fuerte no era el fin de los prorrepública. Simplemente hoy tocaba salir a la calle. Visualizar la musculatura del grupo. Pero sin crispación.

Vuelvo a dar un rodeo. Tras el Teatro Cervantes, en el acceso acristalado a una de las galerías de los refugios de la Guerra Civil hay una  sorprendente pintada que es una célebre frase terenciana sobre los amantes, sus peleas y la reconciliación. Y en latín. Buen deseo para este día.
 
 
Se me echa el tiempo encima. La manifestación ya dura demasiado y me tengo que ir. Comida rápida y viaje de vuelta. En el trayecto hasta el coche voy reflexionando sobre todo lo visto y deduzco que a pesar de la importancia de los desencadenantes, no estoy ante un dramático hecho histórico. Ni siquiera provincialmente histórico. Pena. Confieso que me hacía algo de ilusión.

jueves, 11 de abril de 2013

La capa de Don Juan Carlos

Los teólogos católicos tradicionalistas dicen que los cimientos de la Iglesia comenzaron realmente a tambalearse cuando los herejes, a partir de la Ilustración, en vez de separarse y fundar sus sectas, decidieron quedarse dentro. A la intemperie sólo florecían las hogueras y las espadas. Además, en cuestiones teológicas se estaba hilando tan fino que a la censura pontificia le costaba distinguir entre lo ortodoxo y lo heterodoxo. Y nació el maricomplejinismo eclesial. Esto le pasó también a la monarquía española a finales del siglo pasado: que los republicanos no montaraces prefirieron resguardarse bajo el manto del monarca. Conocían las dos nefastas experiencias republicanas que sufrió España y cuyos procesos de mitificación se encontraban en marcha. A este compadreo, no exento de virtudes, lo llamamos juancarlismo.

Es error muy común, incluso en la crème brûlée de la intelectualidad, considerar al régimen constitucional que nació en 1978 como antagónico del franquismo. ¡Por Dios! La contrafigura de la Transición fue la II República. Franco alumbró un régimen excepcional de muy difícil supervivencia tras su muerte. El miedo que tenían los actores de aquella hora era que otro guirigay republicano, utopista y comecuras, concluyera de nuevo en autocracia. De ahí los pasos que se dieron: de la ley a la ley.

Y de la trampa a la trampa. So capa real se metió hasta el mismo rey y, ante la anuencia de los protegidos más avispados, empezaron a entrar banqueros de caza mayor, aristócratas a comisión y rubias legitimas, princesas de bote.

El tinglado se está desmoronando porque las varillas que lo sostenían estaban hechas de engaños, medias verdades y encubrimientos. Y porque los años no pasan en balde y los dichos y actos de los protagonistas se van ahuecando, faltos de la convicción de los primeros días. De la losa de Cuelgamuros hemos pasado la piedra pómez.

Un hecho viene a afianzar esta decadencia: la imputación de la infanta Cristina en el Caso Noós. Ver a una hija del rey haciendo el paseíllo camino del juzgado no sólo tiene la importancia de lo nunca visto, sino la trascendencia de lo esclarecedor. Hasta ahora Cristina nada más, y nada menos, había sufrido el descrédito nacional que nace de la pena de la televisión en sus dos subgéneros: la pena del Telediario y la pena del Sálvame. Al decir de los comentaristas la primera es más relevante que la segunda, pues no es lo mismo que la noticia la dé un presentador serio y trajeado que un gacetillero informal y florido. A mí me parece que el Telediario, que se eleva asépticamente en Informe Semanal, es al Sálvame lo que los desnudos, probables y maquillados, de Olvido Hormigos en Interviú a su vídeo municipal y obsceno: caer del hiperrealismo al realismo mágico; que de pronto al director de informativos se le ocurriera descender a un Ansón y posarlo entre las tricoteuses mallorquinas.

A los príncipes de Asturias les corresponde afianzar, reformando, un régimen que ha dado a España (y le sigue dando, ojo, no estamos en los sangrantes años 30) la etapa más próspera de su historia reciente. No les será fácil; la riada amenaza con ascender por el piedemonte.  Pero son ellos los deben liderar la transición del juancarlismo a la monarquía, frente a los republicanos que se gustan herederos de dos fracasos históricos, Y ofrecernos una familia real digna de ese nombre. Ajena a toda corrupción y con su poquito de cursilería. Qué más da. No dijo uno que lo cursi abriga. Algunas veces, hoy mismo, más que la capa de armiño.
 

jueves, 4 de abril de 2013

El ministro y el escrache

Lo que va pesando el blog. Comienza uno casi sin querer y se engancha. Y un día, fuerza mayor, te escondes temporalmente de la actualidad (ay, la Semana Santa, con sus devociones y afanes). Entonces las noticias, apenas llegan, se van, resbalándose como se resbalan las gotas de cera por el terciopelo negro un Viernes Santo de lluvia.

Pero hay se queo el paso y la lírica y tengo que volver a conectarme a la marciana y adictiva realidad periodística. Ruedo por la red hasta que me frena en seco Jorge Fernández Díaz. El protector de la especie humana en lo natural y en lo sobrenatural, me regala este párrafo:

"Utilizar esta forma de coacción es burlar los procedimientos democráticos. Después de los diputados, ¿quiénes serán los siguientes en ser acosados? ¿Los jueces, que pueden dictar sentencias que no gustan? ¿O los periodistas cuando vierten opiniones que no son del agrado de todos?"

Se refiere al escrache, ese nuevo fruto que nos llega de allende y que promete arraigar aquí como antes lo hicieron el tomate, la patata y la salida lavolpiana.

Para que la turba amedrente a una persona en su casa, sea un criminal condenado, un presunto o un van diciendo por ahí que, no son necesarias rectas razones. Simplemente que el Estado se esponje y que sus  poros los rellenen las rebabas del sistema. Si políticos, jueces y policías van en cascada desertando de sus obligaciones, sobreviene la confusión. Allí donde se agobian los espíritus puros. Verbigracia, el antedicho.

El ministro del Interior toma como inspiración para el párrafo anterior al pastor protestante Martin Niemöller y su Als die Nazis die Kommunisten holten (tranquilos, traduzco: Cuando los Nazis vinieron a llevarse a los Comunistas). Poema antinazi muy famoso, conocido por casi todos y si no se encuentra usted en el casi haga clic.

La diferencia entre lo escrito por Niemöller y lo manifestado por Fernández Díaz no es solamente estética, sino vivencial. El alemán fue perseguido por un Estado totalitario que quería acabar con sus enemigos de una forma ordenada, industrial. Niemöller se lamenta de no haber ayudado desde el principio a destrozar el engranaje nacionalsocialista. La nómina mensual del español nos dice que forma parte de un Estado democrático. Tiene poder sobre vidas y haciendas. Y la grave misión de mantener el orden. A no ser que el edificio del Ministerio del Interior sea una estructura ganada por el relativismo arquitectónico y sus rectores no sepan si pisan el suelo duro de la responsabilidad o légamo baboso de la insensatez.

Vamos a ver. Dice D. Jorge: “Después de los diputados, ¿quiénes serán los siguientes en ser acosados?" No. ¿Qué diputados? Sólo él y sus compañeros de partido. Es contra el PP contra el que se dirige el escrache. Ni el anterior gobierno socialista por los desahucios, ni ahora la izquierda y alrededores por convolutos, eres, tresporcientos, etc., sufrieron, ni sufren, humillaciones como las que los populares padecen en sus domicilios y ante sus vecinos.

Continúa el ministro preguntándose si después de los políticos, seguirán Ada Colau y su mariachi dando serenatas a jueces y periodistas. Pero hombre de Dios. Viene a elegir dos de las profesiones que los cacerolistas hueveros menos pretenderían hostigar. La justicia puede ser un cachondeo pero ay de ti: rásgale siquiera sea el dobladillo de la toga a sus señorías y verás en lo que queda la lectura alternativa del derecho. Menudos son. Parafraseando a Pla, lo más parecido que hay a un juez de izquierdas es un juez de derechas.

Y que me dicen de los periodistas. Cierto que no son tan corporativistas como los jueces y los periodistas liberal-conservadores podrían estar en peligro. Pero un altavoz es un altavoz, por poco alcance que tenga. Por cierto, gracias al  PP, que se dedica, con un empeño digno de causa más piadosa, a soliviantar y entorpecer a los medios afines al ideario de sus votantes. De todas formas, en las tertulias televisivas mucho grito y mala cara, pero el roce hace el cariño. Y está muy feo zarandear al cuarto poder, derecho humano.

Todo por no sacudirse los complejos y coger al bicho por los cuernos. Los escraches al hispánico modo son ilegales, ilegítimos y antidemocráticos. Nos llevan al totalitarismo por un camino más derechito que la corrupción. Primero, porque es una persecución hemipléjica: sólo van contra la derecha. Segundo,  porque bajo la apelación al pueblo siempre esconde la turba sedienta de líder y mano dura. Un gobierno democrático que se precie de tal no puede permitir que los totalitarios sobrepasen eso que los finos llaman ciertas líneas rojas. Cueste los escaños que cueste.

Menos lloriqueos. ¡Jorge, qué eres ministro del Interior! Te lo juro.

miércoles, 20 de febrero de 2013

La noche sublime de los Goya

Cualquier empresario sabe que su éxito se basa en satisfacer al mayor número de consumidores. Sin  embargo, nuestro cine patrio, facción señorío de la gente de la cultura, parece empeñado en alejar con fruición a un número elevado de posibles clientes. La mayoría de los analistas piensan que esto les molesta poco, que lo importante para ellos es hacer piña con los de su ideología, la progre, que protege de las inclemencias del mercado libre y domina los medios culturales. Gobierne quien gobierne. Airadamente protestan actores y actrices (¡A mí, pretorianos!) cuando manda el PP y desaparecen cuando lo hace la izquierda o los nacionalistas, valga la redundancia. La sangría de espectadores se produce porque buena parte de la población se da cuenta de la pantomima. El PP nunca suprime sus privilegios.

Todo esto no lo niego, ni la pulsión suicida que anida en el ser humano, pero me atrevo a lanzar otra teoría que puede ser complementaria. Los actores sufren en la Gala de los Goya una exaltación de su profesión: actores que interpretan a actores. La imagen que se han construido de su oficio. Una manifestación con pancartas de seda y lamé, donde no se lee “queremos” sino “exigimos”. La apoteosis del cobrador del esmoquin con pajarita torcida y peinado casual. El anticapitalismo vestido de capitalismo, el entrismo glamuroso, que no hace ascos a cierta división del trabajo: derechos (González Macho), desahucios (Verdú), sanidad pública (Peña), IVA y amnistía fiscal (Hache), saharauis (Bardem). Prisioneros de las alfombras rojas y el photocall, ellos, ungidos con el prestigio de la mala prensa que antaño tuvo su actividad, tan unida a los humillados y ofendidos, necesitan al menos un día revolucionario, quitarse la costra de la desproletarización y gritar a los cuatro vientos: Aunque nos parezcamos a ellos no somos como ellos y todo lo bueno que pasa en el mundo es gracias a nosotros y a pesar del capitalismo. Somos conscientes. Por eso protestan con sordina por la piratería informática, que realmente sí les hace daño. Al fin y al cabo los piratas son personajes tan románticos como ello. En el fondo los admiran, les gustaría interpretar sus papeles en las catacumbas, lanzar el puñal de Lady Macbeth desde las sombras y que caiga al menos un director general.

Saltan con soltura del pasquín al caviar sin incomodarles la contradicción, la hipocresía o el cinismo. Sólo cuando la incoherencia es tan grande como el hecho de protagonizar una campaña publicitaria de una empresa hipotecaria y en el gran aquelarre despotricar contra ella, se llega hasta el final para borrar todo rastro. Pues si el periodista Santiago González escribió en Lágrimas socialdemócratas que “la hemeroteca es perseverante y de derechas”, la videoteca lo es con una crueldad descarnada.

Cuando se apagan los focos y se recoge la alfombra roja, vuelven a los cócteles, a las urbanizaciones de lujo, a los hospitales privados, sin que se produzca el más mínimo remordimiento. Ha pasado lo que tenía que pasar. El vulgo se enfada, ellos sólo estaban interpretando su papel más trascendental. Sublime.

viernes, 15 de febrero de 2013

Rubalcaba y Schwarzenegger


Rubalcaba no puede, no debe, presentarse ante mis ojos después de que yo haya visto la última película de Schwarzenegger. Arnold y Alfredo pertenecen a la misma generación y aparecieron en nuestras vidas más o menos por la misma fecha. Pero la comparación de sus decantaciones físicas a día de hoy no puede ser más descorazonadora para el socialista. El austrouseño sigue repartiendo a diestro y siniestro aunque la edad haya acentuado sus movimientos de androide. El nuestro apenas puede convencernos si lleva traje o el traje lo lleva a él. Es lo que va de la robótica a la ortopedia.

La clave está en que un día Rubalcaba, que era un buen atleta, se convenció de que para ser algo en la vida había que hacer estiramientos lumbares en los pasillos hasta adquirir una percha entre Lorenzo de Médicis y José Luis López Vázquez. Un maquiavelismo con manguitos para un mundo socialdemócrata. Sin embargo, Schwarzenegger, de familia mucho más humilde,  quiso prosperar a base de levantar pesas: la forma más carnalmente descarnada de hacerse a sí mismo. Y como su temperamento le pedía cambiar las gélidas tierras centroeuropeas por un mundo en combustión, partió a América con sólo un taparrabos, protección de la única parte de su cuerpo que no iba acorazada de fábrica.

Posturitas de día, estudiante de noche, pasó de los concursos de culturismo al estrellato cinematográfico con la más asombrosa equivalencia entre bíceps y rostro. Schwarzenegger es el único musculitos que saca bola sin que se le crispe la mandíbula. Se la encajaron a soplete y martillo. Ni siquiera se interpreta a sí mismo. Sólo le basta con ponerse delante de la cámara, que más que fotogramas, le saca radiografías en movimiento.

Rubalcaba tiene fama de inteligente y Schwarzenegger la tuvo de simplón avispado, que era a lo más que llegaban los repartidores de credenciales culto-morales, pues con la carrera que llevaba no podían llamarlo directamente tonto. Pero lo salvó el humor. Lo salvó entonces y lo salva ahora. Inolvidable fue aquella ocasión, en plena campaña electoral californiana de 2003, cuando ironizaba con todos aquellos que se sorprendían que hiciera películas si no sabía actuar y que en ese momento luchaban para que no fuera gobernador con la excusa de que era un artista de Hollywood: lo habían convertido en actor.

Y es que, si te dedicas a profesiones tan expuestas como la política o el cine, un cierto distanciamiento cuando vas cumpliendo años es lo que te permite no caer en el ridículo. En El último desafío Schwarzenegger se aplica en reírse de sí mismo sin llegar a la parodia. Entre mamporro y mamporro aún recita sus frases lapidarias como latigazos de Cristiano Ronaldo. Rubalcaba suelta en su última comparecencia pública las siguientes perlas : “He pedido a mi grupo parlamentario lo que gano” y “Todos vamos a hacer un striptease económico”. O sea, que toda la catarsis anticorrupción va a quedar en un Full Monty de vivillos sin guasa, que se creen que somos gilipollas. A mí Arnie siempre me ha caído muy bien.

domingo, 10 de febrero de 2013

Atenuante/agravante

Uno de los argumentos sobre la trascendencia de la corrupción en España asegura que los políticos españoles son el fiel reflejo de sus conciudadanos.

Lo que me fascina es que algunos utilicen este razonamiento como una sincera atenuante cuando me parece la más recia de las agravantes.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Acinesia a la española


Lo más relevante de las encuestas que se están publicando no es la posible debacle electoral del PP ni el poco rédito que de ella sacan los partidos de la oposición. Es aquello que sería bien visible si los grandes titulares no estuvieran más para ocultar que para mostrar: la poca movilidad electoral del español, es decir, la plasmación política de su acinesia geográfica. El español quiere nacer, vivir y morir en su terruño, sin desplazarse por esos mundos de Dios, si no es con cámara de fotos y billete de vuelta.
Los propios partidos políticos, que hace cincuenta años no existían o tenían una presencia fantasmal, buscan enredarse en las ramas del árbol genealógico de cada familia. Eso sí, saltándose a Franco. Nunca he entendido la impugnación total del franquismo, si para unos fue la época del siglo XX donde no se discutieron ciertas cosas, y para otros, su mayor vivero de afiliados.
Pero no quiero enredarme en más sociologismos (no me he puesto las gafas con cuerdecita) que no sea explicar el proceso patrio del cambio de voto. Comienza cuando el deterioro del partido al que has estado apoyando desde tu más tierna madurez es inocultable e injustificable. Hay algo que te mueve a castigarlo pero aparece el primer freno mental: si tu partido es malo, los otros son peores, es más, lo malo de aquel es producto de la influencia perniciosa de estos. Puedes pensar en la abstención o el voto en blanco, pero convienes en que es una pérdida de tiempo sin sentido. Pasan los días, los meses, y el hundimiento de la opción preferida es tal que las ansias de cambio acaba conteniéndolas el sentimentalismo de primer grado: “¡Qué diría mi padre!”. Y si esto no fuera suficiente vas bajando la gradación hasta llegar a los bisabuelos o tatarabuelos. La naturaleza es tan sabia que la multiplicación de antepasados que vivieron en un momento de nuestra historia con más épica, crece cuando ahondas en el tiempo. Y el “¿para eso hemos muerto un millón de españoles?” sirve para cualquier ideología.
Pero llega un momento que ni la sangre de tu sangre derramada, por muy coagulada que esté, sujeta la indignación. Entonces aparece el segundo freno mental: como vas a votar tú al mismo partido que Fulanito, que es un manta, que cuando se engalla en el bar se vuelve insoportable, y claro, tú tienes que engallarte también, pues tienes motivos, una historia familiar de penalidades te avala. No como él: sabes muy bien como ganó la fortuna que le permite doble ración de banderillas por cerveza.
Todo esto está bien, pero la repugnancia que te provocan los contrarios disminuye mientras la que te causan los tuyos no termina de crecer. Y entonces te agarras a los líderes. El primer acercamiento es negativo: todos son iguales, todos están para robar. Pero eso es precisamente lo que resulta fatal. Pasar de Rubalcaba a Rajoy, o viceversa, si lo piensas bien, no es tan difícil. Por mucho que alegues un matiz de carácter por aquí o un tono de voz por acá, te das cuenta que en el fondo son dos señores con barba, cabezas de dos partidos que sólo buscan el poder.
La mayoría de los que siguen esta evolución suelen acabar en el pasotismo más absoluto. Y no vuelven a votar. Pero tú eres un demócrata, crees en los efectos vivificadores de la papeleta en la urna, y no quieres terminar como un perroflauta cualquiera. Y cambias, ya sí, de opción política cuando caes en la cuenta de que los únicos que, a tu alrededor, defienden a tu antiguo partido son los que viven directa o indirectamente de él.

domingo, 27 de enero de 2013

Frases ortoseculares

  • Nos interesa la estética rompedora, con los androides como metáfora de este tiempo de egos aislados y dificulatad para la comunicación (Galatha, AKA Amy Martin, AKA Irene Zoe Alameda).
  • En España, por ejemplo, con una legislación muy proactiva hacia la igualdad, el peso de la tradición es en ocasiones insoportable, y consiguientemente los medios de comunicación encumbran a hombres de la cultura, al tiempo que segregaban a las mujeres al espacio de lo especial y anecdótico (Amy Martin, AKA Galatha, AKA Irene Zoe Alameda).
  • A lo largo de los más de dos años en los que colaboré con Ideas, incluso mantuve conversaciones telefónicas con miembros de la Fundación en las que encarné a Amy Martin, y llegué a dotarle de rostro para ilustrar un libro en el cual ella participó de forma activa como analista político y como "negra" de algunos otros autores (Irene Zoe Alameda, AKA Amy Martin, AKA Galatha).

lunes, 21 de enero de 2013

Sobres con membrete


Agarrados los tiene Bárcenas. Por donde te diré, morena. Los sobres iban con membrete y número current. Luis Bárcenas no es un paniaguado de graduado escolar y aparcamiento de gasolinera que desprestigia nuestra alta delincuencia política. No se sale del Icade de Comillas sin saber la diferencia entre ética y moral, si no de modo un integral, si en su forma, llamémosle, técnica: si la moral prescribe desde fuera para la salvación del grupo, la ética, desde el yo, no acaba nunca de producir flotadores para cuando llegue el sálvese quien pueda. Así van pasando de paraísos fiscales boreales a los tropicales sin que los zapatos de ante sufran con el polvo del camino o con el cieno de las cloacas.
 
- Y con tanto salto uno acaba en Salta.

 En nuestras queridas Indias se están reeditando el noventero “encuentro entre culturas”, sólo que ya no se engatusa a los lugareños con espejos de colores para sacarles el oro. Hoy nosotros llevamos el metal, pero atenuando su brillo. Llegan a los países hermanos en nombre del Estao o del Estatet, le enseñan la puntita nada más y les ponen un hotel, un puerto o una hacienda donde cabe toda una provincia española latifundista del siglo XIX.

Ahora, con gran trompetería mediática, anuncia Rajoy auditorías y querellas que como siempre principiarán de infarto y acabarán en vahídos de novicia. Sólo Esperanza Aguirre va a la raíz del mal de nuestra partitocracia: airear tribunales y regenerar unos partidos acogedores de todos los pepiños que no tenían donde caerse muertos y de todos los bárcenas que siempre resucitan por vivos.