Diálogo entre la pareja protagonista del Paciente Inglés (Anthony Minghella,
1996), enterrada dentro del coche durante una tormenta de arena en el desierto:
«¿Con que V. ya estará prevenido de su blondo pelucón para encasquetársele como los demás golillas? Pues, no señor: no se corte V. el pelo: yo se lo mando. Haga que se le ricen en la espalda como a los ministros del Parlamento de París, y comience a desterrar tales zaleas, que en nada contribuyen al decoro y dignidad de la toga.» El Conde de Aranda a Gaspar Melchor de Jovellanos
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domingo, 26 de enero de 2014
domingo, 28 de julio de 2013
La viga en el ojo propio / Natalia Pastor
El Caso Bárcenas amenazaba con ser para el PP mucho más que
un caso de corrupción de explosión controlada. Y así está siendo. Hasta ahora,
cuando un sinvergüenza comprometía la honestidad de la derecha, desde Génova 13,
sabedores del espesor del envilecimiento ajeno, disparaban con la metralleta
del Y tú más a diestro y siniestro. El
debate se empantanaba, los medios aflojaban y hasta otra. Pero Luis Bárcenas ha
convertido a su partido en una pira, donde Mariano Rajoy se está achicharronando
y no sabemos si, cuando el fuego se extinga, el Presidente será sólo cenizas o se
alzará con un dragón en el hombro, dispuesto a conducir su
khalasar hacia lo importante.
domingo, 30 de junio de 2013
Dos políticas
Fue aparecer en las noticias las etiquetas “Cospedal” y “striptease”
juntas y los más rijosos del barrio barruntaron que, tras la austeridad
matizada, entrabamos en la austeridad de los siete velos. Falsa alarma. Se
trató de una larga cambiada de María Dolores del Cospedal al caso Bárcenas en
medio de los capotazos de galleo echados al Ministro Wert.
miércoles, 17 de abril de 2013
Manifestación republicana en Almería y en domingo
Asuntos
familiares me llevaron a Almería el pasado fin de semana. Es agradable Almería
en primavera; el pastoso calor veraniego aún no lo aplasta todo y la luz tiene
su punto justo de mar.
Viajar
no significa sólo desplazarse de un sitio a otro con más o menos placer; es
sobre todo la relajación de las rutinas. En mi caso, la pérdida del sentido de
la actualidad. Así es normal que no caiga en que es domingo, 14 de abril,
aniversario de la II República ,
hasta que, subiendo por la calle Obispo Orberá, a lo lejos, una bandera republicana
me centre. Habrá manifestación reivindicativa.
Llego a
la Puerta de
Purchena y a la estatua de Nicolás Salmerón comienzan a afluir los
manifestantes. Pocos lugares de España se vanaglorian de tener un republicano tan
presentable como Almería. Cuando un español achacoso del diecinueve salía
político sus humores se solidificaban en lo ético: es fama que Salmerón
renunció al cargo de presidente de la República , al mes y medio de su nombramiento,
porque no quería firmar unas sentencias de muerte. Sea esto verdad o tal vez no
se veía con facultades para enfrentarse a carlistas y cantonalistas, su figura
de político decente encandila a todo aquel que se acerca a la política desde el
lado del desengaño.
Decido
quedarme a ver que pasa; me atrae saber cómo será una marcha republicana en una
capital de provincias en pleno desbarajuste en la Familia Real. Leo en un cartel que la convocatoria es a la
una y, como quedan pocos minutos,
curioseo Paseo abajo aprovechando la sombra de los árboles. Es mediodía y el
sol empieza a picar. Los convocados afluyen sonrientes y vestidos con el
flácido uniforme casero de los domingos. Una de las más nobles formas de fraternidad
burguesa es solidarizarse con el clima. Mediado el Paseo, junto al Teatro
Cervantes, una pequeña banda de música toca la Bella ciao, canción de la resistencia
italiana cuyas alegres notas me convencen que la manifestación va a tener un
tono festivo. La banda se pone en marcha hacia el punto de encuentro,
recogiendo a los rezagados.
Ya
están todos junto a la estatua de Salmerón. Pero como veo que no arrancan, me
siento en la terraza de una cafetería cercana. En Almería, a estas horas y con
este tiempo, es pecado no aprovechar los pequeños placeres del aire libre. Aunque no sé si mi tapeo, una coca-cola con
media tostada de aceite y tomate, sería muy canónico en una III República de
trabajadores y trabajadoras con ciertos reparos a lo norteamericano. Desde mi
privilegiada posición veo cómo se va completando el grupo. Entre las banderas,
destacan las republicanas de diferentes tamaños; hay algunas del PC, de Izquierda
Unida y de varios sindicatos. Me fijo en las que pone USTEA. Pregunto y me
dicen que es un sindicato de enseñanza. ¿Se tratará de un grupo de educadores
arrepentidos del tuteo en las aulas y que quieren reformar la educación desde
un mayor cuidado de las formas entre profesor y alumno? Un posterior paso por
su página web no me saca de dudas, pero la retórica parece que no va por ahí. Las
indumentarias, ya he dicho, son cómodas y festivas; ni para tomar el Palacio de
Invierno ni para asaltar las poltronas de una consejería. Me choca el poco
perroflautismo y me maravilla la versión republicana de la camiseta de la
selección nacional de fútbol. Corona mural en el escudo y dominio lógico del
color morado. ¿Qué pensarán tantos periodistas que nos abruman con la Roja ? Precisamente con la Roja.
De este
ensimismamiento cromático me saca la charanga que toca el himno de Riego
mientras le colocan a Salmerón una bandera a modo de capa. Aplausos y comienzo
de la retahíla de eslóganes. Durante todo el recorrido predominará la consigna
antigua, y por tanto poco esperanzadora, “España, mañana, será republicana”.
Hay también referencias a Rajoy y su gobierno, a los desahucios y mucho lema
antimonárquico. Los Borbones tienen una rima muy fácil.
La
manifestación tarda en organizarse; mejor será comprobar su alcance a medio
camino. Doy un rodeo por las calles adyacentes y decido visitar la cercana
Iglesia de San Pedro. Allí se custodian dos joyas de la imaginería
contemporánea: María Santísima de Fe y Caridad, de Álvarez Duarte, y el grupo
de la Santa Cena ,
de Navarro Arteaga. Pero hay misa y no me gusta parecer un turista entre los
fieles. Desde el cancel, durante la comunión, me pregunto si los republicanos
no estarán cometiendo el mismo error que hace ochenta y dos años. ¿Es necesario
que el anticatolicismo sea consustancial al republicanismo en España? ¿La
cerrazón en los errores cometidos en el pasado no les hermana con el fanatismo
religioso que dicen combatir? No aprovechan la mala imagen que entre los
creyentes deben de tener algunos representares de la Corona con una lectura
caprichosa de los mandamientos sexto y séptimo. Y esta gente, ante mí tan
pacífica y ordenada, cuando se pone a defender lo suyo, se pone.
Regreso
al Paseo y la marcha muestra toda su dimensión. Como no pertenezco al
departamento de ojimetría de ningún periódico, no sé cuántos son los
manifestantes, ni si la proporción es alta con respecto a los habitantes de la
ciudad. Se lo dejo a los hermanos de la cofradía del Santo Ojo de Buen Cubero.
La casualidad hace que me encuentre la manifestación cuando su cabecera va a
pasar a lado de la sede del Partido Popular. De pronto, los portadores de la
pancarta se vuelven y señalando con el dedo al balcón con el rótulo del partido,
comienzan a corear “¡Ahí está, ahí está la cueva de Ali Babá!”. Pero se trata
de un paso rápido; no se quiere agriar en exceso la protesta. Nunca se sabe si
entre los pocos espectadores no saldrán algunos respondones y se líe. Todos
hacen lo mismo: llegan a la altura de la sede, señalan con el dedo, gritan y se
vuelve deprisa. Parece una jura de bandera.
El
espectáculo comienza a ser repetitivo tanto en la calzada como en las aceras. Apenas
hay comunicación entre ambas. La mayoría de los transeúntes se muestra
indiferente. Si acaso una mirada y una sonrisa, no se sabe si de conformidad o
de conmiseración. Y el proselitismo fuerte no era el fin de los prorrepública. Simplemente
hoy tocaba salir a la calle. Visualizar la musculatura del grupo. Pero sin
crispación.
Vuelvo
a dar un rodeo. Tras el Teatro Cervantes, en el acceso acristalado a una de las
galerías de los refugios de la
Guerra Civil hay una sorprendente
pintada que es una célebre frase terenciana sobre los amantes, sus peleas y la
reconciliación. Y en latín. Buen deseo para este día.
Se me echa
el tiempo encima. La manifestación ya dura demasiado y me tengo que ir. Comida
rápida y viaje de vuelta. En el trayecto hasta el coche voy reflexionando sobre
todo lo visto y deduzco que a pesar de la importancia de los desencadenantes,
no estoy ante un dramático hecho histórico. Ni siquiera provincialmente
histórico. Pena. Confieso que me hacía algo de ilusión.
jueves, 11 de abril de 2013
La capa de Don Juan Carlos
Los
teólogos católicos tradicionalistas dicen que los cimientos de la Iglesia comenzaron
realmente a tambalearse cuando los herejes, a partir de la Ilustración , en vez de
separarse y fundar sus sectas, decidieron quedarse dentro. A la intemperie sólo
florecían las hogueras y las espadas. Además, en cuestiones teológicas se
estaba hilando tan fino que a la censura pontificia le costaba distinguir entre
lo ortodoxo y lo heterodoxo. Y nació el maricomplejinismo eclesial. Esto le
pasó también a la monarquía española a finales del siglo pasado: que los
republicanos no montaraces prefirieron resguardarse bajo el manto del monarca.
Conocían las dos nefastas experiencias republicanas que sufrió España y cuyos
procesos de mitificación se encontraban en marcha. A este compadreo, no exento
de virtudes, lo llamamos juancarlismo.
Es
error muy común, incluso en la crème
brûlée de la intelectualidad, considerar al régimen constitucional que
nació en 1978 como antagónico del franquismo. ¡Por Dios! La contrafigura de la Transición fue la
II República. Franco alumbró un régimen
excepcional de muy difícil supervivencia tras su muerte. El miedo que tenían
los actores de aquella hora era que otro guirigay republicano, utopista y
comecuras, concluyera de nuevo en autocracia. De ahí los pasos que se dieron:
de la ley a la ley.
Y de la
trampa a la trampa. So capa real se metió hasta el mismo rey y, ante la
anuencia de los protegidos más avispados, empezaron a entrar banqueros de caza
mayor, aristócratas a comisión y rubias legitimas, princesas de bote.
El
tinglado se está desmoronando porque las varillas que lo sostenían estaban
hechas de engaños, medias verdades y encubrimientos. Y porque los años no pasan
en balde y los dichos y actos de los protagonistas se van ahuecando, faltos de
la convicción de los primeros días. De la losa de Cuelgamuros hemos pasado la
piedra pómez.
Un
hecho viene a afianzar esta decadencia: la imputación de la infanta Cristina en
el Caso Noós. Ver a una hija del rey haciendo el paseíllo camino del juzgado no
sólo tiene la importancia de lo nunca visto, sino la trascendencia de lo
esclarecedor. Hasta ahora Cristina nada más, y nada menos, había sufrido el
descrédito nacional que nace de la pena
de la televisión en sus dos subgéneros: la pena del Telediario y la pena
del Sálvame. Al decir de los
comentaristas la primera es más relevante que la segunda, pues no es lo mismo
que la noticia la dé un presentador serio y trajeado que un gacetillero
informal y florido. A mí me parece que el Telediario,
que se eleva asépticamente en Informe
Semanal, es al Sálvame lo que los
desnudos, probables y maquillados, de Olvido Hormigos en Interviú a su vídeo municipal y obsceno: caer del hiperrealismo al
realismo mágico; que de pronto al director de informativos se le ocurriera
descender a un Ansón y posarlo entre las tricoteuses
mallorquinas.
A los
príncipes de Asturias les corresponde afianzar, reformando, un régimen que ha
dado a España (y le sigue dando, ojo, no estamos en los sangrantes años 30) la
etapa más próspera de su historia reciente. No les será fácil; la riada amenaza con ascender por el piedemonte. Pero son
ellos los deben liderar la transición del juancarlismo a la monarquía, frente a los republicanos que se gustan
herederos de dos fracasos históricos, Y ofrecernos una familia real digna de ese nombre. Ajena
a toda corrupción y con su poquito de cursilería. Qué más da. No dijo uno que
lo cursi abriga. Algunas veces, hoy mismo, más que la capa de armiño.
jueves, 4 de abril de 2013
El ministro y el escrache
Lo que va pesando el blog. Comienza uno casi sin querer y se engancha. Y un día, fuerza mayor, te escondes temporalmente de la actualidad (ay, la Semana Santa , con sus devociones y afanes). Entonces las noticias, apenas llegan, se van, resbalándose como se resbalan las gotas de cera por el terciopelo negro un Viernes Santo de lluvia.
Pero hay se queo el paso y la lírica y tengo que volver a conectarme a la marciana y adictiva realidad periodística. Ruedo por la red hasta que me frena en seco Jorge Fernández Díaz. El protector de la especie humana en lo natural y en lo sobrenatural, me regala este párrafo:
"Utilizar esta forma de coacción es burlar los procedimientos democráticos. Después de los diputados, ¿quiénes serán los siguientes en ser acosados? ¿Los jueces, que pueden dictar sentencias que no gustan? ¿O los periodistas cuando vierten opiniones que no son del agrado de todos?"
Se refiere al escrache, ese nuevo fruto que nos llega de allende y que promete arraigar aquí como antes lo hicieron el tomate, la patata y la salida lavolpiana.
Para que la turba amedrente a una persona en su casa, sea un criminal condenado, un presunto o un van diciendo por ahí que, no son necesarias rectas razones. Simplemente que el Estado se esponje y que sus poros los rellenen las rebabas del sistema. Si políticos, jueces y policías van en cascada desertando de sus obligaciones, sobreviene la confusión. Allí donde se agobian los espíritus puros. Verbigracia, el antedicho.
El ministro del Interior toma como inspiración para el párrafo anterior al pastor protestante Martin Niemöller y su Als die Nazis die Kommunisten holten (tranquilos, traduzco: Cuando los Nazis vinieron a llevarse a los Comunistas). Poema antinazi muy famoso, conocido por casi todos y si no se encuentra usted en el casi haga clic.
La diferencia entre lo escrito por Niemöller y lo manifestado por Fernández Díaz no es solamente estética, sino vivencial. El alemán fue perseguido por un Estado totalitario que quería acabar con sus enemigos de una forma ordenada, industrial. Niemöller se lamenta de no haber ayudado desde el principio a destrozar el engranaje nacionalsocialista. La nómina mensual del español nos dice que forma parte de un Estado democrático. Tiene poder sobre vidas y haciendas. Y la grave misión de mantener el orden. A no ser que el edificio del Ministerio del Interior sea una estructura ganada por el relativismo arquitectónico y sus rectores no sepan si pisan el suelo duro de la responsabilidad o légamo baboso de la insensatez.
Vamos a ver. Dice D. Jorge: “Después de los diputados, ¿quiénes serán los siguientes en ser acosados?" No. ¿Qué diputados? Sólo él y sus compañeros de partido. Es contra el PP contra el que se dirige el escrache. Ni el anterior gobierno socialista por los desahucios, ni ahora la izquierda y alrededores por convolutos, eres, tresporcientos, etc., sufrieron, ni sufren, humillaciones como las que los populares padecen en sus domicilios y ante sus vecinos.
Continúa el ministro preguntándose si después de los políticos, seguirán Ada Colau y su mariachi dando serenatas a jueces y periodistas. Pero hombre de Dios. Viene a elegir dos de las profesiones que los cacerolistas hueveros menos pretenderían hostigar. La justicia puede ser un cachondeo pero ay de ti: rásgale siquiera sea el dobladillo de la toga a sus señorías y verás en lo que queda la lectura alternativa del derecho. Menudos son. Parafraseando a Pla, lo más parecido que hay a un juez de izquierdas es un juez de derechas.
Y que me dicen de los periodistas. Cierto que no son tan corporativistas como los jueces y los periodistas liberal-conservadores podrían estar en peligro. Pero un altavoz es un altavoz, por poco alcance que tenga. Por cierto, gracias al PP, que se dedica, con un empeño digno de causa más piadosa, a soliviantar y entorpecer a los medios afines al ideario de sus votantes. De todas formas, en las tertulias televisivas mucho grito y mala cara, pero el roce hace el cariño. Y está muy feo zarandear al cuarto poder, derecho humano.
Todo por no sacudirse los complejos y coger al bicho por los cuernos. Los escraches al hispánico modo son ilegales, ilegítimos y antidemocráticos. Nos llevan al totalitarismo por un camino más derechito que la corrupción. Primero, porque es una persecución hemipléjica: sólo van contra la derecha. Segundo, porque bajo la apelación al pueblo siempre esconde la turba sedienta de líder y mano dura. Un gobierno democrático que se precie de tal no puede permitir que los totalitarios sobrepasen eso que los finos llaman ciertas líneas rojas. Cueste los escaños que cueste.
Menos lloriqueos. ¡Jorge, qué eres ministro del Interior! Te lo juro.
miércoles, 20 de febrero de 2013
La noche sublime de los Goya
Cualquier empresario sabe que su éxito se basa en satisfacer al mayor número de consumidores. Sin embargo, nuestro cine patrio, facción señorío de la gente de la cultura, parece empeñado en alejar con fruición a un número elevado de posibles clientes. La mayoría de los analistas piensan que esto les molesta poco, que lo importante para ellos es hacer piña con los de su ideología, la progre, que protege de las inclemencias del mercado libre y domina los medios culturales. Gobierne quien gobierne. Airadamente protestan actores y actrices (¡A mí, pretorianos!) cuando manda el PP y desaparecen cuando lo hace la izquierda o los nacionalistas, valga la redundancia. La sangría de espectadores se produce porque buena parte de la población se da cuenta de la pantomima. El PP nunca suprime sus privilegios.
Todo esto no lo niego, ni la pulsión suicida que anida en el ser humano, pero me atrevo a lanzar otra teoría que puede ser complementaria. Los actores sufren en la Gala de los Goya una exaltación de su profesión: actores que interpretan a actores. La imagen que se han construido de su oficio. Una manifestación con pancartas de seda y lamé, donde no se lee “queremos” sino “exigimos”. La apoteosis del cobrador del esmoquin con pajarita torcida y peinado casual. El anticapitalismo vestido de capitalismo, el entrismo glamuroso, que no hace ascos a cierta división del trabajo: derechos (González Macho), desahucios (Verdú), sanidad pública (Peña), IVA y amnistía fiscal (Hache), saharauis (Bardem). Prisioneros de las alfombras rojas y el photocall, ellos, ungidos con el prestigio de la mala prensa que antaño tuvo su actividad, tan unida a los humillados y ofendidos, necesitan al menos un día revolucionario, quitarse la costra de la desproletarización y gritar a los cuatro vientos: Aunque nos parezcamos a ellos no somos como ellos y todo lo bueno que pasa en el mundo es gracias a nosotros y a pesar del capitalismo. Somos conscientes. Por eso protestan con sordina por la piratería informática, que realmente sí les hace daño. Al fin y al cabo los piratas son personajes tan románticos como ello. En el fondo los admiran, les gustaría interpretar sus papeles en las catacumbas, lanzar el puñal de Lady Macbeth desde las sombras y que caiga al menos un director general.
Saltan con soltura del pasquín al caviar sin incomodarles la contradicción, la hipocresía o el cinismo. Sólo cuando la incoherencia es tan grande como el hecho de protagonizar una campaña publicitaria de una empresa hipotecaria y en el gran aquelarre despotricar contra ella, se llega hasta el final para borrar todo rastro. Pues si el periodista Santiago González escribió en Lágrimas socialdemócratas que “la hemeroteca es perseverante y de derechas”, la videoteca lo es con una crueldad descarnada.
Cuando se apagan los focos y se recoge la alfombra roja, vuelven a los cócteles, a las urbanizaciones de lujo, a los hospitales privados, sin que se produzca el más mínimo remordimiento. Ha pasado lo que tenía que pasar. El vulgo se enfada, ellos sólo estaban interpretando su papel más trascendental. Sublime.
viernes, 15 de febrero de 2013
Rubalcaba y Schwarzenegger
Rubalcaba
no puede, no debe, presentarse ante mis ojos después de que yo haya visto la
última película de Schwarzenegger. Arnold y Alfredo pertenecen a la misma
generación y aparecieron en nuestras vidas más o menos por la misma fecha. Pero
la comparación de sus decantaciones físicas a día de hoy no puede ser más
descorazonadora para el socialista. El austrouseño sigue repartiendo a diestro
y siniestro aunque la edad haya acentuado sus movimientos de androide. El
nuestro apenas puede convencernos si lleva traje o el traje lo lleva a él. Es
lo que va de la robótica a la ortopedia.
La
clave está en que un día Rubalcaba, que era un buen atleta, se convenció de que
para ser algo en la vida había que hacer estiramientos lumbares en los pasillos
hasta adquirir una percha entre Lorenzo de Médicis y José Luis López Vázquez.
Un maquiavelismo con manguitos para un mundo socialdemócrata. Sin embargo, Schwarzenegger,
de familia mucho más humilde, quiso
prosperar a base de levantar pesas: la forma más carnalmente descarnada de
hacerse a sí mismo. Y como su temperamento le pedía cambiar las gélidas tierras
centroeuropeas por un mundo en combustión, partió a América con sólo un
taparrabos, protección de la única parte de su cuerpo que no iba acorazada de
fábrica.
Posturitas
de día, estudiante de noche, pasó de los concursos de culturismo al estrellato cinematográfico
con la más asombrosa equivalencia entre bíceps y rostro. Schwarzenegger es el
único musculitos que saca bola sin que se le crispe la mandíbula. Se la
encajaron a soplete y martillo. Ni siquiera se interpreta a sí mismo. Sólo le
basta con ponerse delante de la cámara, que más que fotogramas, le saca
radiografías en movimiento.
Rubalcaba
tiene fama de inteligente y Schwarzenegger la tuvo de simplón avispado, que era
a lo más que llegaban los repartidores de credenciales culto-morales, pues con
la carrera que llevaba no podían llamarlo directamente tonto. Pero lo salvó el
humor. Lo salvó entonces y lo salva ahora. Inolvidable fue aquella ocasión, en
plena campaña electoral californiana de 2003, cuando ironizaba con todos
aquellos que se sorprendían que hiciera películas si no sabía actuar y que en
ese momento luchaban para que no fuera gobernador con la excusa de que era un
artista de Hollywood: lo habían convertido en actor.
Y es
que, si te dedicas a profesiones tan expuestas como la política o el cine, un
cierto distanciamiento cuando vas cumpliendo años es lo que te permite no caer
en el ridículo. En El último desafío Schwarzenegger
se aplica en reírse de sí mismo sin llegar a la parodia. Entre mamporro y
mamporro aún recita sus frases lapidarias como latigazos de Cristiano Ronaldo. Rubalcaba
suelta en su última comparecencia pública las siguientes perlas : “He pedido a
mi grupo parlamentario lo que gano” y “Todos vamos a hacer un striptease económico”. O sea, que toda la catarsis anticorrupción
va a quedar en un Full Monty de vivillos sin guasa, que se creen que somos
gilipollas. A mí Arnie siempre me ha caído muy bien.
domingo, 10 de febrero de 2013
Atenuante/agravante
Uno de los argumentos sobre la trascendencia de la corrupción en España asegura que los políticos españoles son el fiel reflejo de sus conciudadanos.
Lo que me fascina es que algunos utilicen este razonamiento como una sincera atenuante cuando me parece la más recia de las agravantes.
Lo que me fascina es que algunos utilicen este razonamiento como una sincera atenuante cuando me parece la más recia de las agravantes.
miércoles, 6 de febrero de 2013
Acinesia a la española
Lo más relevante de las encuestas
que se están publicando no es la posible debacle electoral del PP ni el poco
rédito que de ella sacan los partidos de la oposición. Es aquello que sería
bien visible si los grandes
titulares no estuvieran más para ocultar que para mostrar: la poca movilidad
electoral del español, es decir, la plasmación política de su acinesia
geográfica. El español quiere nacer, vivir y morir en su terruño, sin desplazarse
por esos mundos de Dios, si no es con cámara de fotos y billete de vuelta.
Los propios partidos políticos, que hace cincuenta años
no existían o tenían una presencia fantasmal, buscan enredarse en las ramas del
árbol genealógico de cada familia. Eso sí, saltándose a Franco. Nunca he
entendido la impugnación total del franquismo, si para unos fue la época del
siglo XX donde no se discutieron ciertas cosas, y para otros, su mayor vivero
de afiliados.
Pero no quiero enredarme en más sociologismos (no me he
puesto las gafas con cuerdecita) que no sea explicar el proceso patrio del
cambio de voto. Comienza cuando el deterioro del partido al que has estado apoyando
desde tu más tierna madurez es inocultable e injustificable. Hay algo que te
mueve a castigarlo pero aparece el primer freno mental: si tu partido es malo,
los otros son peores, es más, lo malo de aquel es producto de la influencia
perniciosa de estos. Puedes pensar en la abstención o el voto en blanco, pero
convienes en que es una pérdida de tiempo sin sentido. Pasan los días, los
meses, y el hundimiento de la opción preferida es tal que las ansias de cambio acaba
conteniéndolas el sentimentalismo de primer grado: “¡Qué diría mi padre!”. Y si
esto no fuera suficiente vas bajando la gradación hasta llegar a los bisabuelos
o tatarabuelos. La naturaleza es tan sabia que la multiplicación de antepasados
que vivieron en un momento de nuestra historia con más épica, crece cuando
ahondas en el tiempo. Y el “¿para eso hemos muerto un millón de españoles?”
sirve para cualquier ideología.
Pero llega un momento que ni la sangre de tu sangre
derramada, por muy coagulada que esté, sujeta la indignación. Entonces aparece
el segundo freno mental: como vas a votar tú al mismo partido que Fulanito, que
es un manta, que cuando se engalla en el bar se vuelve insoportable, y claro,
tú tienes que engallarte también, pues tienes motivos, una historia familiar de
penalidades te avala. No como él: sabes muy bien como ganó la fortuna que le
permite doble ración de banderillas por cerveza.
Todo esto está bien, pero la repugnancia que te
provocan los contrarios disminuye mientras la que te causan los tuyos no
termina de crecer. Y entonces te agarras a los líderes. El primer acercamiento
es negativo: todos son iguales, todos están para robar. Pero eso es
precisamente lo que resulta fatal. Pasar de Rubalcaba a Rajoy, o viceversa, si
lo piensas bien, no es tan difícil. Por mucho que alegues un matiz de carácter
por aquí o un tono de voz por acá, te das cuenta que en el fondo son dos
señores con barba, cabezas de dos partidos que sólo buscan el poder.
La mayoría de los que siguen esta evolución suelen
acabar en el pasotismo más absoluto. Y no vuelven a votar. Pero tú eres un
demócrata, crees en los efectos vivificadores de la papeleta en la urna, y no quieres
terminar como un perroflauta cualquiera. Y cambias, ya sí, de opción política
cuando caes en la cuenta de que los únicos que, a tu alrededor, defienden a tu antiguo partido
son los que viven directa o indirectamente de él.
domingo, 27 de enero de 2013
Frases ortoseculares
- Nos interesa la estética rompedora, con los androides como metáfora de este tiempo de egos aislados y dificulatad para la comunicación (Galatha, AKA Amy Martin, AKA Irene Zoe Alameda).
- En España, por ejemplo, con una legislación muy proactiva hacia la igualdad, el peso de la tradición es en ocasiones insoportable, y consiguientemente los medios de comunicación encumbran a hombres de la cultura, al tiempo que segregaban a las mujeres al espacio de lo especial y anecdótico (Amy Martin, AKA Galatha, AKA Irene Zoe Alameda).
- A lo largo de los más de dos años en los que colaboré con Ideas, incluso mantuve conversaciones telefónicas con miembros de la Fundación en las que encarné a Amy Martin, y llegué a dotarle de rostro para ilustrar un libro en el cual ella participó de forma activa como analista político y como "negra" de algunos otros autores (Irene Zoe Alameda, AKA Amy Martin, AKA Galatha).
lunes, 21 de enero de 2013
Sobres con membrete
Agarrados los tiene Bárcenas. Por donde te diré,
morena. Los sobres iban con membrete y número current. Luis Bárcenas no es un
paniaguado de graduado escolar y aparcamiento de gasolinera que desprestigia
nuestra alta delincuencia política. No se sale del Icade de Comillas sin saber
la diferencia entre ética y moral, si no de modo un integral, si en su forma,
llamémosle, técnica: si la moral prescribe desde fuera para la salvación del
grupo, la ética, desde el yo, no acaba nunca de producir flotadores para cuando
llegue el sálvese quien pueda. Así van pasando de paraísos fiscales boreales a
los tropicales sin que los zapatos de ante sufran con el polvo del camino o con
el cieno de las cloacas.
- Y con tanto salto uno acaba en Salta.
Ahora, con gran trompetería mediática, anuncia
Rajoy auditorías y querellas que como siempre principiarán de infarto y
acabarán en vahídos de novicia. Sólo Esperanza Aguirre va a la raíz
del mal de nuestra partitocracia: airear tribunales y regenerar unos partidos acogedores
de todos los pepiños que no tenían
donde caerse muertos y de todos los bárcenas
que siempre resucitan por vivos.
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