El Caso Bárcenas amenazaba con ser para el PP mucho más que
un caso de corrupción de explosión controlada. Y así está siendo. Hasta ahora,
cuando un sinvergüenza comprometía la honestidad de la derecha, desde Génova 13,
sabedores del espesor del envilecimiento ajeno, disparaban con la metralleta
del Y tú más a diestro y siniestro. El
debate se empantanaba, los medios aflojaban y hasta otra. Pero Luis Bárcenas ha
convertido a su partido en una pira, donde Mariano Rajoy se está achicharronando
y no sabemos si, cuando el fuego se extinga, el Presidente será sólo cenizas o se
alzará con un dragón en el hombro, dispuesto a conducir su
khalasar hacia lo importante.
«¿Con que V. ya estará prevenido de su blondo pelucón para encasquetársele como los demás golillas? Pues, no señor: no se corte V. el pelo: yo se lo mando. Haga que se le ricen en la espalda como a los ministros del Parlamento de París, y comience a desterrar tales zaleas, que en nada contribuyen al decoro y dignidad de la toga.» El Conde de Aranda a Gaspar Melchor de Jovellanos
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domingo, 28 de julio de 2013
domingo, 21 de julio de 2013
Llamadle mourinhista
"La clave de la inusitada intensidad con que los equipos de Mourinho afrontan la totalidad de sus temporadas se debe a la presencia de seis factores que definen un gran equipo y que tanto nos hemos empeñado en exigir como condiciones de la modernidad de un club: (1) Tener un modelo de juego propio, (2) adaptarte a tu rival, (3) reproducir con éxito el juego en el entrenamiento, (4) no elegir competiciones, (5) evitar injerencias externas –prensa, directiva, aficionados– en la rutina del equipo y (6) nada de clientelismos ni privilegios de vestuario: que cunda la hermosa e implacable meritocracia."
jueves, 6 de junio de 2013
Mourinho y yo
Hoy, en
el día del adiós de Mourinho, vuelvo la mirada atrás, a aquel final de mayo de
2010, y lo único que recuerdo es la cara de circunstancias de Valdano en la
presentación del portugués. Nadie me
emocionaba: ni el nuevo entrenador ni los fichajes estrellas de Özil y Khedira.
Aún me duraba el cabreo por la destitución de Pellegrini.
lunes, 20 de mayo de 2013
Waterloo
Las resmas de papel biblia que se necesitan para relatar los tres años del Real Madrid de Mourinho sólo las igualan las vidas ejemplares de ciertos reyes visionarios y fatalistas. Déjenme que les cuente el párrafo que cierra este Waterloo de fin de época: el fallo de Özil ante Courtois.
martes, 14 de mayo de 2013
Yo crecí, respetadme, con el baloncesto
Yo crecí, respetadme, con el baloncesto. Mi primer recuerdo deportivo es en blanco y negro: 1978. El equipo de baloncesto del Real Madrid pasea a hombros por la Sala Olímpica Carlo Diem de Múnich a Clifford Luyk, que se retira alzando una nueva Copa de Europa, la Sexta. Los hombres altos y desgarbados del club igualaban en la máxima competición continental a los mitos del fútbol. El impacto de Luyk fue tan importante como el de Di Stefano. Sobre él no sólo pivotó la época dorada del Real Madrid, sino que su nacionalización insufló músculo y calidad a la talentosa pero enclenque Selección Nacional.
jueves, 2 de mayo de 2013
Remontada interrumpida
Real Madrid. La historia se repite desde hace tantos años. Se avisa remontada europea y no hay remontada europea. Palabras de una historia memorable: señorío, pegada y remontada. Palabras que no están en ningún artículo de los estatutos. Se han adherido a eso que ahora se llama adn a golpe de gol y trofeo. Pero las utilizan los enemigos como arietes para desestabilizar al club. El señorío, la nobleza con el adversario, en la victoria o en la derrota, es una excusa para que el equipo ponga siempre la otra mejilla, y otras partes menos nobles del cuerpo, mientras a futbolistas de humildad impostada, dirigentes patibularios y periodistas con ganas de mangoneo se les permite cualquier desmán con tal de roer una grandeza que no se resiente por un partido perdido o una mala trayectoria. La pegada, consumación y gloria del fútbol directo, se maneja, por los que saben, como síntoma de las carencias intelectual-futbolísticas del Real Madrid. Primitivismo mesetario poco europeo.
Y la remontada. Un desastroso encuentro de ida de una eliminatoria, donde se puso poco fútbol y se encajaron muchos goles. Arrebato: no valen ni el presidente, ni el entrenador ni los jugadores. Pero, ay, el equipo algunas veces remontó. Un club dominante de más de cien años de existencia ha tenido de todo: victorias increíbles y fracasos estrepitosos, partidos y competiciones que se veían difíciles de ganar y se ganaron, y partidos y competiciones que parecían imposibles de perder y se perdieron. Por eso hay que mantener las hachas en vilo, hacer menciones a la casta y rescatar la memoria de algún jugador homologable con la gesta. Son muchos dentro del entorno los que esperan el partido de vuelta con el resultado marcado. Si toca victoria: disimulo y regomeyo. La derrota saca lo que se guarda en el interior. Mientras el madridismo maldice el resultado con los lógicos desahogos, los lamentables buscan el desguace del club con la esperanza de que el río revuelto traiga satisfacciones a los señalados como salvadores. Algunos de éstos son amigos, otros son lo opuesto en temperamento y proyecto a lo establecido ¡Y qué ya me estaba cabreando tanto ninguneo!
José Mourinho es hoy el objetivo. Dicen: ha arrasado con el señorío (bendito sea Dios), no ha llevado el juego del Madrid a altas cumbres estéticas (dorar la pelota) y no ha remontado en ninguna eliminatoria europea importante (hace más de un cuarto de siglo de la última). No vale su haber. La dirección profesional de una plantilla complicada, donde el uso torticero del poder mediático y sentimental que algunos jugadores se han ganado en el campo, no se puede compensar con una sencilla gestión de altas y bajas. La nivelación con el mejor Barça de la historia; un equipo excelente y retórico, que parecía imbatible, formado por un puñado de jugadores que pueden ganar un balón de oro o un óscar. Y lo que menos se le perdona: colocar a los periodistas en su preciso espacio. La sala de prensa, el lugar en el que todo el mundo queda retratado: el entrenador y los periodistas (¿Cómo te sientes tras la derrota?). Lejos del comadreo al amor de las brasas del asador de moda. La dignidad personal por encima del triunfo deportivo. Por eso los defectos temperamentales y errores deportivos de Mourinho quedan al descubierto sin escudo alguno. Y se le compara con antiguos entrenadores del Madrid a los que previamente se le ha depurado el dossier: ¿quién recuerda lo que algunos contaban y escribían sobre Vicente del Bosque en las postrimerías de su estancia en el banquillo blanco? Hoy es el perfecto gestor de egos de la selección española de fútbol, pero ayer el incompetente entrenador abrumado por los galácticos.
La remontada de los mediocres no se conforma con expulsar a Mourinho. Hay que acabar también con Florentino Pérez y su sueño de un Madrid que crezca al amparo de su historia. La grandeza, mejor en el pasado; así no se ven las desventajas de su consolidación: los inevitables fallos en todo proyecto humano, la envidia de los demás clubs, que al poderío se le llame prepotencia, que haya que pedir perdón por cada gol, punto y victoria. Florentino y Mourinho obstáculos contra un Real Madrid vulgar, el del quiero y no puedo, los chorreos y los nanines. Aunque, por fin, llegaría Divac.
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