Yo crecí, respetadme, con el baloncesto. Mi primer recuerdo deportivo es en blanco y negro: 1978. El equipo de baloncesto del Real Madrid pasea a hombros por la Sala Olímpica Carlo Diem de Múnich a Clifford Luyk, que se retira alzando una nueva Copa de Europa, la Sexta. Los hombres altos y desgarbados del club igualaban en la máxima competición continental a los mitos del fútbol. El impacto de Luyk fue tan importante como el de Di Stefano. Sobre él no sólo pivotó la época dorada del Real Madrid, sino que su nacionalización insufló músculo y calidad a la talentosa pero enclenque Selección Nacional.
«¿Con que V. ya estará prevenido de su blondo pelucón para encasquetársele como los demás golillas? Pues, no señor: no se corte V. el pelo: yo se lo mando. Haga que se le ricen en la espalda como a los ministros del Parlamento de París, y comience a desterrar tales zaleas, que en nada contribuyen al decoro y dignidad de la toga.» El Conde de Aranda a Gaspar Melchor de Jovellanos
martes, 14 de mayo de 2013
miércoles, 8 de mayo de 2013
Chacón, Navarro y Lucena
En la muerte de Giulio Andreotti y en la huida de Willy Toledo se descuajaringa una de las dos almas de PSC. Desde este blog se pidió a Carmen Chacón una mayor zambullida en la lucha sucesoria del PSOE para medir su compromiso. Y lo ha hecho. No sabemos si ha sido por propia iniciativa o el empujón en el trampolín se lo ha dado Madina. La carta abierta que le ha enviado a Pere Navarro, primer secretari, sobre su desacuerdo con la participación de los socialistas en la “cumbre sobre el derecho a decidir” de Mas, amenaza con romper el partido. Los riesgos de tener los ojos en ideal cuando ya no se tienen las manos en el cajón del presupuesto.
jueves, 2 de mayo de 2013
Remontada interrumpida
Real Madrid. La historia se repite desde hace tantos años. Se avisa remontada europea y no hay remontada europea. Palabras de una historia memorable: señorío, pegada y remontada. Palabras que no están en ningún artículo de los estatutos. Se han adherido a eso que ahora se llama adn a golpe de gol y trofeo. Pero las utilizan los enemigos como arietes para desestabilizar al club. El señorío, la nobleza con el adversario, en la victoria o en la derrota, es una excusa para que el equipo ponga siempre la otra mejilla, y otras partes menos nobles del cuerpo, mientras a futbolistas de humildad impostada, dirigentes patibularios y periodistas con ganas de mangoneo se les permite cualquier desmán con tal de roer una grandeza que no se resiente por un partido perdido o una mala trayectoria. La pegada, consumación y gloria del fútbol directo, se maneja, por los que saben, como síntoma de las carencias intelectual-futbolísticas del Real Madrid. Primitivismo mesetario poco europeo.
Y la remontada. Un desastroso encuentro de ida de una eliminatoria, donde se puso poco fútbol y se encajaron muchos goles. Arrebato: no valen ni el presidente, ni el entrenador ni los jugadores. Pero, ay, el equipo algunas veces remontó. Un club dominante de más de cien años de existencia ha tenido de todo: victorias increíbles y fracasos estrepitosos, partidos y competiciones que se veían difíciles de ganar y se ganaron, y partidos y competiciones que parecían imposibles de perder y se perdieron. Por eso hay que mantener las hachas en vilo, hacer menciones a la casta y rescatar la memoria de algún jugador homologable con la gesta. Son muchos dentro del entorno los que esperan el partido de vuelta con el resultado marcado. Si toca victoria: disimulo y regomeyo. La derrota saca lo que se guarda en el interior. Mientras el madridismo maldice el resultado con los lógicos desahogos, los lamentables buscan el desguace del club con la esperanza de que el río revuelto traiga satisfacciones a los señalados como salvadores. Algunos de éstos son amigos, otros son lo opuesto en temperamento y proyecto a lo establecido ¡Y qué ya me estaba cabreando tanto ninguneo!
José Mourinho es hoy el objetivo. Dicen: ha arrasado con el señorío (bendito sea Dios), no ha llevado el juego del Madrid a altas cumbres estéticas (dorar la pelota) y no ha remontado en ninguna eliminatoria europea importante (hace más de un cuarto de siglo de la última). No vale su haber. La dirección profesional de una plantilla complicada, donde el uso torticero del poder mediático y sentimental que algunos jugadores se han ganado en el campo, no se puede compensar con una sencilla gestión de altas y bajas. La nivelación con el mejor Barça de la historia; un equipo excelente y retórico, que parecía imbatible, formado por un puñado de jugadores que pueden ganar un balón de oro o un óscar. Y lo que menos se le perdona: colocar a los periodistas en su preciso espacio. La sala de prensa, el lugar en el que todo el mundo queda retratado: el entrenador y los periodistas (¿Cómo te sientes tras la derrota?). Lejos del comadreo al amor de las brasas del asador de moda. La dignidad personal por encima del triunfo deportivo. Por eso los defectos temperamentales y errores deportivos de Mourinho quedan al descubierto sin escudo alguno. Y se le compara con antiguos entrenadores del Madrid a los que previamente se le ha depurado el dossier: ¿quién recuerda lo que algunos contaban y escribían sobre Vicente del Bosque en las postrimerías de su estancia en el banquillo blanco? Hoy es el perfecto gestor de egos de la selección española de fútbol, pero ayer el incompetente entrenador abrumado por los galácticos.
La remontada de los mediocres no se conforma con expulsar a Mourinho. Hay que acabar también con Florentino Pérez y su sueño de un Madrid que crezca al amparo de su historia. La grandeza, mejor en el pasado; así no se ven las desventajas de su consolidación: los inevitables fallos en todo proyecto humano, la envidia de los demás clubs, que al poderío se le llame prepotencia, que haya que pedir perdón por cada gol, punto y victoria. Florentino y Mourinho obstáculos contra un Real Madrid vulgar, el del quiero y no puedo, los chorreos y los nanines. Aunque, por fin, llegaría Divac.
jueves, 25 de abril de 2013
Los franquistas buenos (Críticas sin credenciales, I)
Arcadi Espada
Formato: Versión Kindle
Precio: 13,29 €
Tamaño del archivo: 727 KB
Longitud de impresión: 312
Editor: Espasa (12 de marzo de 2013)
Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l.
Idioma: español
ASIN: B00BFS706S
La obra de Arcadi Espada es un compromiso con la escritura, es decir, con la verdad. Por eso su estilo es terso. De una imperceptible tensión de cuerda de arco en cualquier momento dispuesta a disparar. Así en este libro, bajo el tema principal, que es el papel del franquismo ante el Holocausto, hechos y reflexiones, emerge el oficio de escribir y este párrafo para desmochar ficciones:
«La otra cara del mérito son los problemas que tiene cualquier escritor cuando vuelve sobre un hecho que el cine ha narrado y comprueba con desesperación que escribir es corregir. Y que su único trabajo es decapar los mitos sucesivos que las exigencias emocionales del cine han ido acumulando. Porque es verdad que el cine rescata muchos hechos del olvido; pero generalmente para trasladarlos al otro pozo profundo de la ficción. La Lista de Schindler adolece del problema señalado por Álvaro Lozano: a diferencia de lo que sucedió en la vida, casi todos se salvan. Como si de veinte mil judíos de Cracovia solo hubiesen muerto doscientos. No. Todo el mundo murió.»
Corregir. Y caminar, que estamos ante un libro de viajes. Primero transitar la escritura de otros, luego desplazarse entre los escombros del nazismo y el comunismo para descubrir las huellas de unos españoles heroicos. Unos 5.000 judíos salvados de la Solución Final en Hungría gracias a la conveniencia política del estado franquista y a la caridad de un puñado de sus servidores. El humanitarismo de Sanz Briz y sus compañeros no se materializó a pesar de franquismo sino que se alimentó de éste. Fue el nacionalismo de los “patriotas melancólicos” (Foxá, Giménez Caballero), zahories del lamento sefardí por la España perdida, lo que utilizó Franco para jugar su carta projudía ante una más que probable victoria aliada en la guerra. Las otras cartas serían el anticomunismo y la promesa de que el régimen se desarrollaría hasta alcanzar un status homologable con los países occidentales vencedores.
Todo esto chocará a los que consideran al franquismo como la encarnación del mal sin mezcla de bien alguno. Dice su autor que es un libro para mayores de dieciocho años, para aquellos que no se quedaron en las historias del abuelo y reconocen la continuidad del estado. Y se felicitan.
Los españoles somos especialistas en mitificar épocas y así nos salen unos personajes de cartón piedra. Ni carne ni contradicciones. Sin embargo, Espada los muestra vivos a través de las fuentes, con el apoyo revisable de las declaraciones de los testigos y deudos. Ángel Sanz Briz, quintacolumnista en Madrid, cabeza de los salvadores de judíos en Budapest y siempre leal funcionario, que aparecía y desaparecía tras el telón según las órdenes de la superioridad. Jorge Perlasca, L’ impostore, que se apropió de los logros de Sanz Briz y que ahora es colocado en su justo y brillante lugar, pero sin ensombrecer a los demás protagonistas. Como a la canciller Elisabeth Tourné, la mujer que ya amparaba a judíos húngaros en plena guerra civil española. O como al abogado Zoltán Farkas, diligente y valeroso, que pago con la vida su compromiso con el prójimo.
Mención aparte merece el descubrimiento de Casimiro Florencio Granzow de la Cerda , conocido como Cassio. Hispanopolaco, grande de España y representante diplomático en Varsovia, vivió la caída del país centroeuropeo y también, mediante sobornos a oficiales alemanes, salvó vidas de judíos, aunque no se ha podido cuantificar su número.
Se me permitirá, frívolo, que a esta breve selección de los nombres que robustecen la obra añada a José Luis de Vilallonga y su peripecia en una Lisboa atestada de espías. Mientras Javier Martínez de Bedoya, el encargado de prensa de la embajada, negociaba con los representantes de diferentes agencias judías, el seductor aristócrata español, y recién casado, vivía los líos amatoriomonetarios de las muy hollywoodienses hermanas Gabor, bajo la elástica férula de mama Gabor. Tercería fina, con papa Gabor, exiliado, joyero y paseante, al fondo y a un lado. Un momento screwball que mereció filmarlo Gregory La Cava.
Y al final de la lectura queda sedimentada una pregunta: ¿cómo fue posible una reconciliación tan rápida en Europa tras la barbarie de la II Guerra Mundial y sus secuelas? El misterio de la reconciliación que nace del misterio del olvido. El autor se apoya en su querido Steven Pinker para señalar lo insólito del brutal periodo dentro de «un proceso de civilización profundo, duradero e imparable, cuyas raíces están en la Ilustración ».
Olvido y reconciliación. Y la escritura para buscar la verdad entre los plieges de la memoria y las palmadas de los abrazos. Y aunque las leyendas vivan, que no se diga que no hubo alguien saltando de los archivos a los salones y de estos a los escenarios para ajustar cada hecho a sus difusos límites. Y para poner a cada perlasca en su equitativo pedestal. O al menos intentarlo.
miércoles, 17 de abril de 2013
Manifestación republicana en Almería y en domingo
Asuntos
familiares me llevaron a Almería el pasado fin de semana. Es agradable Almería
en primavera; el pastoso calor veraniego aún no lo aplasta todo y la luz tiene
su punto justo de mar.
Viajar
no significa sólo desplazarse de un sitio a otro con más o menos placer; es
sobre todo la relajación de las rutinas. En mi caso, la pérdida del sentido de
la actualidad. Así es normal que no caiga en que es domingo, 14 de abril,
aniversario de la II República ,
hasta que, subiendo por la calle Obispo Orberá, a lo lejos, una bandera republicana
me centre. Habrá manifestación reivindicativa.
Llego a
la Puerta de
Purchena y a la estatua de Nicolás Salmerón comienzan a afluir los
manifestantes. Pocos lugares de España se vanaglorian de tener un republicano tan
presentable como Almería. Cuando un español achacoso del diecinueve salía
político sus humores se solidificaban en lo ético: es fama que Salmerón
renunció al cargo de presidente de la República , al mes y medio de su nombramiento,
porque no quería firmar unas sentencias de muerte. Sea esto verdad o tal vez no
se veía con facultades para enfrentarse a carlistas y cantonalistas, su figura
de político decente encandila a todo aquel que se acerca a la política desde el
lado del desengaño.
Decido
quedarme a ver que pasa; me atrae saber cómo será una marcha republicana en una
capital de provincias en pleno desbarajuste en la Familia Real. Leo en un cartel que la convocatoria es a la
una y, como quedan pocos minutos,
curioseo Paseo abajo aprovechando la sombra de los árboles. Es mediodía y el
sol empieza a picar. Los convocados afluyen sonrientes y vestidos con el
flácido uniforme casero de los domingos. Una de las más nobles formas de fraternidad
burguesa es solidarizarse con el clima. Mediado el Paseo, junto al Teatro
Cervantes, una pequeña banda de música toca la Bella ciao, canción de la resistencia
italiana cuyas alegres notas me convencen que la manifestación va a tener un
tono festivo. La banda se pone en marcha hacia el punto de encuentro,
recogiendo a los rezagados.
Ya
están todos junto a la estatua de Salmerón. Pero como veo que no arrancan, me
siento en la terraza de una cafetería cercana. En Almería, a estas horas y con
este tiempo, es pecado no aprovechar los pequeños placeres del aire libre. Aunque no sé si mi tapeo, una coca-cola con
media tostada de aceite y tomate, sería muy canónico en una III República de
trabajadores y trabajadoras con ciertos reparos a lo norteamericano. Desde mi
privilegiada posición veo cómo se va completando el grupo. Entre las banderas,
destacan las republicanas de diferentes tamaños; hay algunas del PC, de Izquierda
Unida y de varios sindicatos. Me fijo en las que pone USTEA. Pregunto y me
dicen que es un sindicato de enseñanza. ¿Se tratará de un grupo de educadores
arrepentidos del tuteo en las aulas y que quieren reformar la educación desde
un mayor cuidado de las formas entre profesor y alumno? Un posterior paso por
su página web no me saca de dudas, pero la retórica parece que no va por ahí. Las
indumentarias, ya he dicho, son cómodas y festivas; ni para tomar el Palacio de
Invierno ni para asaltar las poltronas de una consejería. Me choca el poco
perroflautismo y me maravilla la versión republicana de la camiseta de la
selección nacional de fútbol. Corona mural en el escudo y dominio lógico del
color morado. ¿Qué pensarán tantos periodistas que nos abruman con la Roja ? Precisamente con la Roja.
De este
ensimismamiento cromático me saca la charanga que toca el himno de Riego
mientras le colocan a Salmerón una bandera a modo de capa. Aplausos y comienzo
de la retahíla de eslóganes. Durante todo el recorrido predominará la consigna
antigua, y por tanto poco esperanzadora, “España, mañana, será republicana”.
Hay también referencias a Rajoy y su gobierno, a los desahucios y mucho lema
antimonárquico. Los Borbones tienen una rima muy fácil.
La
manifestación tarda en organizarse; mejor será comprobar su alcance a medio
camino. Doy un rodeo por las calles adyacentes y decido visitar la cercana
Iglesia de San Pedro. Allí se custodian dos joyas de la imaginería
contemporánea: María Santísima de Fe y Caridad, de Álvarez Duarte, y el grupo
de la Santa Cena ,
de Navarro Arteaga. Pero hay misa y no me gusta parecer un turista entre los
fieles. Desde el cancel, durante la comunión, me pregunto si los republicanos
no estarán cometiendo el mismo error que hace ochenta y dos años. ¿Es necesario
que el anticatolicismo sea consustancial al republicanismo en España? ¿La
cerrazón en los errores cometidos en el pasado no les hermana con el fanatismo
religioso que dicen combatir? No aprovechan la mala imagen que entre los
creyentes deben de tener algunos representares de la Corona con una lectura
caprichosa de los mandamientos sexto y séptimo. Y esta gente, ante mí tan
pacífica y ordenada, cuando se pone a defender lo suyo, se pone.
Regreso
al Paseo y la marcha muestra toda su dimensión. Como no pertenezco al
departamento de ojimetría de ningún periódico, no sé cuántos son los
manifestantes, ni si la proporción es alta con respecto a los habitantes de la
ciudad. Se lo dejo a los hermanos de la cofradía del Santo Ojo de Buen Cubero.
La casualidad hace que me encuentre la manifestación cuando su cabecera va a
pasar a lado de la sede del Partido Popular. De pronto, los portadores de la
pancarta se vuelven y señalando con el dedo al balcón con el rótulo del partido,
comienzan a corear “¡Ahí está, ahí está la cueva de Ali Babá!”. Pero se trata
de un paso rápido; no se quiere agriar en exceso la protesta. Nunca se sabe si
entre los pocos espectadores no saldrán algunos respondones y se líe. Todos
hacen lo mismo: llegan a la altura de la sede, señalan con el dedo, gritan y se
vuelve deprisa. Parece una jura de bandera.
El
espectáculo comienza a ser repetitivo tanto en la calzada como en las aceras. Apenas
hay comunicación entre ambas. La mayoría de los transeúntes se muestra
indiferente. Si acaso una mirada y una sonrisa, no se sabe si de conformidad o
de conmiseración. Y el proselitismo fuerte no era el fin de los prorrepública. Simplemente
hoy tocaba salir a la calle. Visualizar la musculatura del grupo. Pero sin
crispación.
Vuelvo
a dar un rodeo. Tras el Teatro Cervantes, en el acceso acristalado a una de las
galerías de los refugios de la
Guerra Civil hay una sorprendente
pintada que es una célebre frase terenciana sobre los amantes, sus peleas y la
reconciliación. Y en latín. Buen deseo para este día.
Se me echa
el tiempo encima. La manifestación ya dura demasiado y me tengo que ir. Comida
rápida y viaje de vuelta. En el trayecto hasta el coche voy reflexionando sobre
todo lo visto y deduzco que a pesar de la importancia de los desencadenantes,
no estoy ante un dramático hecho histórico. Ni siquiera provincialmente
histórico. Pena. Confieso que me hacía algo de ilusión.
jueves, 11 de abril de 2013
La capa de Don Juan Carlos
Los
teólogos católicos tradicionalistas dicen que los cimientos de la Iglesia comenzaron
realmente a tambalearse cuando los herejes, a partir de la Ilustración , en vez de
separarse y fundar sus sectas, decidieron quedarse dentro. A la intemperie sólo
florecían las hogueras y las espadas. Además, en cuestiones teológicas se
estaba hilando tan fino que a la censura pontificia le costaba distinguir entre
lo ortodoxo y lo heterodoxo. Y nació el maricomplejinismo eclesial. Esto le
pasó también a la monarquía española a finales del siglo pasado: que los
republicanos no montaraces prefirieron resguardarse bajo el manto del monarca.
Conocían las dos nefastas experiencias republicanas que sufrió España y cuyos
procesos de mitificación se encontraban en marcha. A este compadreo, no exento
de virtudes, lo llamamos juancarlismo.
Es
error muy común, incluso en la crème
brûlée de la intelectualidad, considerar al régimen constitucional que
nació en 1978 como antagónico del franquismo. ¡Por Dios! La contrafigura de la Transición fue la
II República. Franco alumbró un régimen
excepcional de muy difícil supervivencia tras su muerte. El miedo que tenían
los actores de aquella hora era que otro guirigay republicano, utopista y
comecuras, concluyera de nuevo en autocracia. De ahí los pasos que se dieron:
de la ley a la ley.
Y de la
trampa a la trampa. So capa real se metió hasta el mismo rey y, ante la
anuencia de los protegidos más avispados, empezaron a entrar banqueros de caza
mayor, aristócratas a comisión y rubias legitimas, princesas de bote.
El
tinglado se está desmoronando porque las varillas que lo sostenían estaban
hechas de engaños, medias verdades y encubrimientos. Y porque los años no pasan
en balde y los dichos y actos de los protagonistas se van ahuecando, faltos de
la convicción de los primeros días. De la losa de Cuelgamuros hemos pasado la
piedra pómez.
Un
hecho viene a afianzar esta decadencia: la imputación de la infanta Cristina en
el Caso Noós. Ver a una hija del rey haciendo el paseíllo camino del juzgado no
sólo tiene la importancia de lo nunca visto, sino la trascendencia de lo
esclarecedor. Hasta ahora Cristina nada más, y nada menos, había sufrido el
descrédito nacional que nace de la pena
de la televisión en sus dos subgéneros: la pena del Telediario y la pena
del Sálvame. Al decir de los
comentaristas la primera es más relevante que la segunda, pues no es lo mismo
que la noticia la dé un presentador serio y trajeado que un gacetillero
informal y florido. A mí me parece que el Telediario,
que se eleva asépticamente en Informe
Semanal, es al Sálvame lo que los
desnudos, probables y maquillados, de Olvido Hormigos en Interviú a su vídeo municipal y obsceno: caer del hiperrealismo al
realismo mágico; que de pronto al director de informativos se le ocurriera
descender a un Ansón y posarlo entre las tricoteuses
mallorquinas.
A los
príncipes de Asturias les corresponde afianzar, reformando, un régimen que ha
dado a España (y le sigue dando, ojo, no estamos en los sangrantes años 30) la
etapa más próspera de su historia reciente. No les será fácil; la riada amenaza con ascender por el piedemonte. Pero son
ellos los deben liderar la transición del juancarlismo a la monarquía, frente a los republicanos que se gustan
herederos de dos fracasos históricos, Y ofrecernos una familia real digna de ese nombre. Ajena
a toda corrupción y con su poquito de cursilería. Qué más da. No dijo uno que
lo cursi abriga. Algunas veces, hoy mismo, más que la capa de armiño.
jueves, 4 de abril de 2013
El ministro y el escrache
Lo que va pesando el blog. Comienza uno casi sin querer y se engancha. Y un día, fuerza mayor, te escondes temporalmente de la actualidad (ay, la Semana Santa , con sus devociones y afanes). Entonces las noticias, apenas llegan, se van, resbalándose como se resbalan las gotas de cera por el terciopelo negro un Viernes Santo de lluvia.
Pero hay se queo el paso y la lírica y tengo que volver a conectarme a la marciana y adictiva realidad periodística. Ruedo por la red hasta que me frena en seco Jorge Fernández Díaz. El protector de la especie humana en lo natural y en lo sobrenatural, me regala este párrafo:
"Utilizar esta forma de coacción es burlar los procedimientos democráticos. Después de los diputados, ¿quiénes serán los siguientes en ser acosados? ¿Los jueces, que pueden dictar sentencias que no gustan? ¿O los periodistas cuando vierten opiniones que no son del agrado de todos?"
Se refiere al escrache, ese nuevo fruto que nos llega de allende y que promete arraigar aquí como antes lo hicieron el tomate, la patata y la salida lavolpiana.
Para que la turba amedrente a una persona en su casa, sea un criminal condenado, un presunto o un van diciendo por ahí que, no son necesarias rectas razones. Simplemente que el Estado se esponje y que sus poros los rellenen las rebabas del sistema. Si políticos, jueces y policías van en cascada desertando de sus obligaciones, sobreviene la confusión. Allí donde se agobian los espíritus puros. Verbigracia, el antedicho.
El ministro del Interior toma como inspiración para el párrafo anterior al pastor protestante Martin Niemöller y su Als die Nazis die Kommunisten holten (tranquilos, traduzco: Cuando los Nazis vinieron a llevarse a los Comunistas). Poema antinazi muy famoso, conocido por casi todos y si no se encuentra usted en el casi haga clic.
La diferencia entre lo escrito por Niemöller y lo manifestado por Fernández Díaz no es solamente estética, sino vivencial. El alemán fue perseguido por un Estado totalitario que quería acabar con sus enemigos de una forma ordenada, industrial. Niemöller se lamenta de no haber ayudado desde el principio a destrozar el engranaje nacionalsocialista. La nómina mensual del español nos dice que forma parte de un Estado democrático. Tiene poder sobre vidas y haciendas. Y la grave misión de mantener el orden. A no ser que el edificio del Ministerio del Interior sea una estructura ganada por el relativismo arquitectónico y sus rectores no sepan si pisan el suelo duro de la responsabilidad o légamo baboso de la insensatez.
Vamos a ver. Dice D. Jorge: “Después de los diputados, ¿quiénes serán los siguientes en ser acosados?" No. ¿Qué diputados? Sólo él y sus compañeros de partido. Es contra el PP contra el que se dirige el escrache. Ni el anterior gobierno socialista por los desahucios, ni ahora la izquierda y alrededores por convolutos, eres, tresporcientos, etc., sufrieron, ni sufren, humillaciones como las que los populares padecen en sus domicilios y ante sus vecinos.
Continúa el ministro preguntándose si después de los políticos, seguirán Ada Colau y su mariachi dando serenatas a jueces y periodistas. Pero hombre de Dios. Viene a elegir dos de las profesiones que los cacerolistas hueveros menos pretenderían hostigar. La justicia puede ser un cachondeo pero ay de ti: rásgale siquiera sea el dobladillo de la toga a sus señorías y verás en lo que queda la lectura alternativa del derecho. Menudos son. Parafraseando a Pla, lo más parecido que hay a un juez de izquierdas es un juez de derechas.
Y que me dicen de los periodistas. Cierto que no son tan corporativistas como los jueces y los periodistas liberal-conservadores podrían estar en peligro. Pero un altavoz es un altavoz, por poco alcance que tenga. Por cierto, gracias al PP, que se dedica, con un empeño digno de causa más piadosa, a soliviantar y entorpecer a los medios afines al ideario de sus votantes. De todas formas, en las tertulias televisivas mucho grito y mala cara, pero el roce hace el cariño. Y está muy feo zarandear al cuarto poder, derecho humano.
Todo por no sacudirse los complejos y coger al bicho por los cuernos. Los escraches al hispánico modo son ilegales, ilegítimos y antidemocráticos. Nos llevan al totalitarismo por un camino más derechito que la corrupción. Primero, porque es una persecución hemipléjica: sólo van contra la derecha. Segundo, porque bajo la apelación al pueblo siempre esconde la turba sedienta de líder y mano dura. Un gobierno democrático que se precie de tal no puede permitir que los totalitarios sobrepasen eso que los finos llaman ciertas líneas rojas. Cueste los escaños que cueste.
Menos lloriqueos. ¡Jorge, qué eres ministro del Interior! Te lo juro.
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